30 de agosto de 2012

Stride Toward Freedom: The Montgomery Story (1958)

Las personas se odian porque se temen; se temen porque no se conocen; no se conocen porque no se saben comunicar; no se saben comunicar porque se hallan separadas

Martin Luther King, Jr. - Frases





No importa cuánto se viva sino cómo se vive, si se vive bien y se muere joven, se puede haber contribuido más que una persona hasta los ochenta años preocupada sólo de sí misma

A través de la violencia puedes matar al que odias, pero no puedes matar el odio

24 de agosto de 2012

22 de agosto de 2012

Dalai Lama - Frase


El planeta no necesita más personas de éxito. El planeta necesita desesperadamente más pacificadores, sanadores, restauradores, narradores y amantes de todo tipo. Se necesita gente para vivir bien en sus lugares. Se necesita gente con coraje moral dispuestos a unirse a la lucha para que el mundo sea habitable y humano y estas cualidades tienen poco que ver con la definición de éxito en nuestra cultura~ Dalai Lama

21 de agosto de 2012

Discurso de disolución J. Krishnamurti



La Orden de la Estrella de Oriente fue fundada en 1911 para proclamar el advenimiento del Instructor del Mundo y Krishnamurti fue designado máximo dirigente. El 3 de agosto de 1929, día de la apertura del Campamento Anual en Ommen, Holanda, Krishnamurti disolvió la Orden ante tres mil miembros. Este es el texto completo del discurso que pronunció en aquella ocasión.
           Esta mañana vamos a hablar de la disolución de la Orden de la Estrella. Muchos se alegrarán y otros se sentirán más bien tristes. Esta no es una cuestión de regocijo ni de tristeza, sino que es algo inevitable, como voy a explicarlo. Seguramente recordarán la historia, cuando el diablo y un amigo caminaban por una calle y vieron frente a ellos cómo un hombre se detenía y recogía algo del suelo, lo miró y lo guardó en su bolsillo. El amigo le preguntó al diablo: «¿Qué recogió ese hombre?». «Recogió un trozo de la Verdad», le contestó el diablo. «Eso es entonces mal negocio para ti», dijo su amigo. «Oh, no, en absoluto», replicó el diablo, «voy a dejar que la organice».
           Sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente. La verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por ningún camino, no puede organizarse; ni puede formarse organización alguna para conducir o forzar a la gente a seguir un sendero particular. Si desde el principio entienden eso, entonces verán cuan imposible es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no pueden ni deben organizarla. Si lo hacen, se convertirá en algo muerto, cristalizado, en un credo, en una secta, en una religión que debe imponerse a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata de hacer. La Verdad se empequeñece y se transforma en un juguete para los débiles, para los que están sólo momentáneamente descontentos. La Verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella. No pueden traer la cumbre de la montaña al valle; si quieren alcanzar la cumbre de la montaña, deben cruzar el valle, subir la cuesta, sin temor a los peligrosos precipicios.
             De modo que esta es la primera razón, desde mi punto de vista, por la que debe disolverse la Orden de la Estrella. A pesar de esto, probablemente crearán otras Órdenes, seguirán perteneciendo a otras organizaciones que buscan la Verdad. Yo no quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual; por favor, comprendan esto. Puedo utilizar una organización que me lleve a Londres, por ejemplo, esa es un tipo de organización diferente, es simplemente mecánica, como el correo o el telégrafo. Puedo utilizar un automóvil o un buque para viajar, tan sólo son mecanismos físicos que nada tienen que ver con lo espiritual. De nuevo sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre a la espiritualidad.
            Si para este propósito se crea una organización, se convertirá en una muleta, en una debilidad, en una servidumbre que por fuerza mutila al individuo y le impide crecer, establecer su unicidad, que consiste en descubrir por sí mismo esa Verdad absoluta e incondicionada. Por tanto, esa es otra razón por la cual he decidido, como máximo responsable de la Orden de la Estrella, disolverla; nadie me ha persuadido para que tome esta decisión. Esta no es ninguna gran proeza, porque no quiero seguidores, y lo digo en serio. En el momento en que siguen a alguien, dejan de seguir a la Verdad. No me preocupa si prestan o no prestan atención a lo que digo; quiero hacer cierta cosa en el mundo y voy a hacerlo con resuelta determinación. Mí único interés es una cosa esencial: Hacer que el hombre sea libre. Deseo liberarlo de todas sus jaulas, de todos sus temores, y no crear religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías o filosofías.
           Como es natural, me preguntarán por qué recorro el mundo hablando constantemente. Les diré por qué razón lo hago. No por qué desee seguidores, no por qué desee un grupo especial de discípulos selectos. [¡Cómo les gusta a los hombres ser diferentes de sus semejantes, por ridículas, absurdas o triviales que puedan ser sus distinciones!] No quiero alentar ese absurdo. No tengo discípulos ni apóstoles, ya sea en la Tierra o en el reino espiritual. Tampoco es la tentación de dinero, ni tampoco me atrae el deseo de vivir una vida cómoda. ¡Si quisiera llevar una vida cómoda no vendría a este Campamento ni viviría en un país húmedo! Estoy hablando con toda sinceridad porque quiero que esto quede claro de una vez por todas; no deseo que estas discusiones infantiles se repitan año tras año.
           Un periodista que me entrevistó, consideraba un acto grandioso disolver una organización en la cual militan miles y miles de miembros. Para él, era una gran acción, porque me dijo: «¿Qué hará usted después, de qué vivirá? No tendrá seguidores, la gente dejará de escucharle». Con que sólo haya cinco personas que escuchen, que vivan con sus rostros mirando hacia la eternidad, será suficiente. ¿De qué sirve tener miles que no comprenden, que están por completo embalsamados en prejuicios, que no quieren lo nuevo, sino que prefieren traducir lo nuevo para que se ajuste a sus propias personalidades estériles y estancadas? Si hablo enérgicamente, por favor, no me malinterpreten, no es por falta de compasión. Si acuden a un cirujano para operarse, ¿es una falta de amabilidad si al operarle le causa daño? De la misma manera, si hablo con claridad no es por falta de verdadero afecto, sino todo lo contrario.
            Como he dicho, sólo tengo un propósito: Hacer que el hombre sea libre, impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a romper todas sus limitaciones, porque sólo eso le dará la felicidad eterna, le dará la realización de sí mismo libre de condicionamiento.
            Porque soy libre y no tengo condicionamiento, todo, no una parte, no lo relativo, sino toda la Verdad que es eterna, deseo que aquellos que buscan comprenderme sean libres; no para que me sigan, no que hagan de mí una jaula para convertirla en una religión, en una secta. Más bien deben liberarse de todos sus miedos: del miedo de la religión, del miedo de la salvación, del miedo de la espiritualidad, del miedo del amor, del miedo de la muerte, del miedo de la vida en sí misma. Así como un artista pinta un cuadro porque se deleita al pintarlo, porque es su propia expresión, su gloria, su satisfacción, de la misma forma yo hago esto, y no porque quiera nada de nadie. Están acostumbrados a la autoridad o a la atmósfera de autoridad, y creen que les conducirá a la espiritualidad. Creen y esperan que otro, por sus extraordinarios poderes, por un milagro, podrá trasportarles al reino de la eterna libertad que es la Felicidad. Toda su perspectiva de la vida se basa en esa autoridad.
           Me han escuchado durante tres años sin que haya surgido ningún cambio, salvo en unos pocos. Ahora, consideren lo que estoy diciendo, sean críticos para que puedan comprenderlo completa y fundamentalmente. Si buscan una autoridad para que les conduzca a la espiritualidad, automáticamente se obligan a construir una organización alrededor de esa autoridad. Pero por la creación misma de esa organización, la cual creen que ayudará a esa autoridad para que les guíe a la espiritualidad, quedarán atrapados en una jaula.
          Estoy hablando con toda franqueza, por favor, recuerden que es así, y no desde la dureza, la crueldad o el entusiasmo de mi propósito, sino porque quiero que comprendan lo que estoy diciendo. Esa es la razón por la que están aquí, y sería una pérdida de tiempo si no explicara claramente, con decisión, mi punto de vista. Durante 18 años se han preparado para este acontecimiento, para la venida del Instructor del Mundo. Durante 18 años se han organizado, han esperado a alguien que viniera a darles una nueva dicha a sus corazones y mentes, que transformara toda su vida, que les diera una nueva comprensión; a alguien que les elevara a un nuevo nivel de la vida, que les diera un nuevo estímulo, que les hiciera libres, ¡y miren lo que está sucediendo ahora!
           Consideren, razonen por sí mismos y descubran de qué forma esa creencia les ha hecho diferentes, no hablamos de diferencias superficiales como llevar una insignia, lo cual es trivial y absurdo. ¿De qué forma una creencia como esa ha eliminado todas las cosas no esenciales de la vida? Esa es la única manera de valorarlo: ¿En qué forma son más libres, mejores, más peligrosos para cualquier sociedad basada en lo falso y lo no esencial? ¿De qué forma los miembros de la Organización de la Estrella son diferentes? Como decía, durante 18 años se han preparado para mi venida. No me preocupa si creen o no que soy el Instructor del Mundo, eso tiene muy poca importancia. Desde el momento en que pertenecen a la Organización de la Orden de la Estrella, han dado su apoyo, su energía, aceptando que Krishnamurti es el Instructor del Mundo, parcial o totalmente; totalmente para aquellos que realmente están buscando, y sólo parcialmente para aquellos que están satisfechos con sus propias medias verdades.
          Durante 18 años se han preparado, y miren cuántas dificultades tienen para comprender, cuántas complicaciones, cuántas cosas triviales. Sus prejuicios, sus miedos, sus autoridades, sus nuevas o viejas iglesias, todas estas cosas, sostengo, son una barrera que impide la comprensión. No puedo decirlo de forma más clara. No quiero que estén de acuerdo conmigo ni que me sigan, sino que comprendan lo que digo. Esa comprensión es necesaria, porque sus creencias no les transformarán, sólo les complicarán porque no están dispuestos a afrontar las cosas como son. Lo que desean es tener sus propios dioses, nuevos dioses en lugar de los viejos, nuevas religiones en vez de las viejas, muevas formas en vez de las viejas; todas cosas inútiles, barreras, imitaciones, muletas. En lugar de las viejas distinciones espirituales tienen nuevas distinciones espirituales, en lugar de los viejos cultos tienen nuevos cultos. Todos dependen de algún otro para su espiritualidad, para su felicidad, para su iluminación; y aunque durante 18 años se han estado preparando para mi venida, cuando digo que todas estas cosas no son necesarias, cuando digo que deben descartarlas y deben mirar dentro de sí mismo para la iluminación, para la gloria, para la purificación y la incorruptibilidad del ser, ninguno de ustedes está dispuesto a hacerlo. Puede que haya unos pocos, pero muy, muy pocos. ¿Para qué, entonces, tener una organización?
             ¿Por qué personas falsas, hipócritas me han seguido, siguen la encarnación de la Verdad? Recuerden, por favor, que no estoy diciendo las cosas con dureza o crueldad, sino que hemos llegado a una situación en la que deben afrontar las cosas tal como son. El año pasado dije que no transigiría; en aquel momento muy pocos me escucharon. Este año lo expongo con toda claridad. No se cuántos miles en el mundo, miembros de la Orden, han estado preparándose para mi venida durante 18 años, sin embargo, ahora no están dispuestos a escuchar incondicional y totalmente lo que digo.
            Como decía antes, mi propósito es hacer que los hombres sean incondicionalmente libres, porque sostengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del propio ser, que es eterno, que es la armonía entre la razón y el amor. Esa es la absoluta e incondicionada Verdad que es la Vida misma. Deseo, por tanto, que el hombre sea libre, que se regocije como el pájaro en el cielo claro; libre de toda carga, independiente, inamovible en esa libertad. Y yo, para aquellos que se han estado preparando durante 18 años, ahora les digo que deben liberarse de todas las cosas, liberarse de sus complicaciones, de sus enredos; y para esto, no necesitan ninguna organización basada en una creencia espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el mundo que comprendan, que trabajan, que han desechado todo lo trivial? Y para los débiles, no puede haber ninguna organización que les ayude a encontrar la Verdad, porque la Verdad está en cada uno de nosotros; no está lejos ni cerca, está eternamente ahí.
                Las organizaciones no pueden hacernos libres. Ningún hombre desde fuera puede hacernos libres; ningún culto organizado ni el propio sacrificio para una causa puede hacernos libres; ni formar parte de una organización o dedicarse a un trabajo puede hacerles libres. Utilizan una máquina para escribir su correspondencia, pero no la ponen en un altar para adorarla; sin embargo, esto es lo que hacen cuando las organizaciones se convierten en su principal interés.
          «¿Cuántos miembros tiene?» Esta es la primera pregunta que me hacen todos los periodistas.               
          «¿Cuántos seguidores tiene? Dependiendo del número decidiremos si lo que dice es verdadero o falso». No sé cuántos miembros hay, no estoy interesado en esto. Como dije, con que un sólo hombre se liberara, sería suficiente.
          Además, tienen ustedes la idea de que tan sólo ciertas personas poseen la llave del Reino de la Felicidad. Nadie la tiene; ninguna autoridad tiene esa llave. Esa llave es el propio ser de cada uno, y únicamente en el desarrollo, en la purificación y la incorruptibilidad de ese ser, está el Reino de la Eternidad.
          Así pues, se darán cuenta de lo absurda que es toda la estructura que han construido buscando ayuda externa, dependiendo de otros para su propio bienestar, para su propia felicidad, para su propia fortaleza. Estas cosas sólo pueden encontrarlas dentro de sí mismos.
¿Para qué pues tener una organización?
          Se han acostumbrado a que les digan cuánto han avanzado, cuál es el grado de espiritualidad que tienen; ¡qué bobada! ¿Quién, sino ustedes mismos, puede decirles si son hermosos o feos internamente? ¿Quién sino ustedes mismos puede decir si son incorruptibles? No son serios en estas cosas.
         ¿Para qué pues tener una organización?
         Pero aquellos que realmente deseen comprender, que traten de descubrir lo que es eterno, caminarán juntos con mayor intensidad, y serán un peligro para todo lo que no sea esencial, para las irrealidades, para las sombras. Se unirán y serán como una llama porque habrán comprendido. Debemos crear un grupo así, y ese es mi propósito. Debido a esa verdadera comprensión habrá verdadera amistad. Debido a esa verdadera amistad, que al parecer no conocen, habrá verdadera cooperación de parte de cada uno. El motivo no será ninguna autoridad, ninguna salvación, ningún sacrificio por una causa, sino porque realmente han comprendido y, en consecuencia, son capaces de vivir en lo eterno. Esto es más grande que todo placer y todo sacrificio.
         De modo que estas son algunas de las razones, después de haberlo considerado cuidadosamente durante dos años, que me han llevado a tomar esta decisión. No se trata de un impulso momentáneo; nadie me ha persuadido, no me dejo persuadir en cosas como estas. Durante dos años lo he pensado con calma, cuidadosamente, pacientemente, y he decidido disolver la Orden, puesto que soy el máximo responsable. Pueden formar otras organizaciones y esperar a algún otro. Esto no me concierne, como tampoco me concierne crear nuevas jaulas y nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi único interés es hacer que los hombres sean absolutamente, incondicionalmente libres.

15 de agosto de 2012

"Y Osel me preguntó: 'Tú, Juan, ¿cuánto me quieres?'"


Juan Manzanera, psicólogo y exmonje budista




Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
La Vanguardia

Felicidad callada
Un viejo amigo me habla de Manzanera, al que considera un bodisatva", es decir, un maestro de la compasión. La verdad es que transmite serenidad y alegría. Ya no es monje budista. Ser monje budista fue un episodio de su aprendizaje que no se detiene. Me insiste en que la meditación no se aprende en libros: es una práctica, un modo de ejercitar la mente en la atención y la lucidez. Me asegura que las experiencias y preguntas en talleres de meditación le han enseñado más que sus años de monacato. Y que el objetivo de la meditación es claro: ¡es posible sufrir menos y con más serenidad! Lo cuenta en Meditación, la felicidad callada (Dharma).

Tengo 54 años. Nací en Valencia y vivo en Madrid. Soy psicólogo clínico. He sido monje budista durante doce años. Estoy soltero. No tengo hijos. ¿Política? Las personas. Creo sólo en lo que funciona: ¡la meditación, esa gran tecnología de la felicidad! El gran enemigo es el miedo

Desde cuándo medita?
Desde que tenía 22 años, hace ya 32 años.

¿Cuántas veces al día?
Al levantarme, por la tarde, antes de acostarme.

¿Y para qué sirve?
Para sentir dentro de mí un fondo en el que me siento seguro.

¿Seguro ante qué?
Ante el miedo, el enemigo de la felicidad.

¿Miedo a qué?
A no cumplimentar deseos, a estar solo, a ser rechazado... A no existir.

Es verdad: eso da miedo.
¡Y por eso inventamos religiones, ideologías, hermandades y clubs de fútbol!

¿Para sentirnos arropados?
Sí. Pero meditar enseña que no hay de qué tener miedo: descubres que en tu fondo esencial ¡todo está en paz, todo!

Qué estupendo sentirse así, ¿no?
Es la felicidad callada. No depende de comprar o tener cosas. La llevas dentro. Y la meditación te ayuda a recordarla.

¿Es la meditación una tecnología de la felicidad, pues?
Sí: te ayuda a ser lo que eres en tu fondo. Se conoce desde antes del budismo, hace miles de años. ¡Y la ciencia ratifica que funciona!

¿Cómo opera este método?
Enseñándote a focalizar la atención.

¿Focalizarla en qué?
En vez de hacerlo en lo que nos provoca sufrimiento, ansiedad o depresión, se trata de focalizar la atención en lo que proporciona serenidad, satisfacción y plenitud.

¿Es fácil?
Si perseveras, en menos de un año notarás los efectos benéficos.

¿Me garantiza felicidad?
Si padeces una depresión... aprenderás a no identificarte con tu depresión.

¿Cuál es la clave de la felicidad?
Dan la pista los estudios de la psicóloga Laura King: "Lee menos libros de autoayuda y ayuda más a otros". ¡Es la clave!

¿Por qué?
¡Es el modo de salir de uno mismo! Estar demasiado atento a tu ego, pendiente de uno mismo... ¡es un atajo a la infelicidad!

¿Cómo llegó usted a la meditación?
Aprobé todas las asignaturas de primero de Ingeniería, algo muy difícil, pero en segundo curso me sobrevino una crisis galopante.

¿Qué pasó?
Un amigo que terminaba la carrera... cayó en depresión e intentó suicidarse. Me pregunté: "¿Para qué todo este esfuerzo?"

¿Encontró respuesta?
No. Me colgué una mochila y me lancé al camino por Europa, recogiendo fruta... Al cabo de año y pico así, decidí irme a India.

¿Qué buscaba allí?
Llevaba dos años moviéndome, buscando un sentido a todo. Y al llegar a un monasterio cerca de Katmandú, me detuve. Sentí que allí podía encontrar un sentido.

¿En qué se basó?
En la serenidad del lama Yeshe y el lama Zopa. Me enseñaron a meditar. Volví a España y viví en la única comunidad budista que había. Les traje al primer lama... y luego me ordené monje budista en India.

¿Conoció al Dalái Lama?
Sí. Su sola presencia es transformadora.

¿En qué se parecen el monje cristiano y el budista?
En la austeridad, en el celibato, en el estudio, en la oración. Y el monje budista indaga acerca de qué es la realidad, y medita.

¿Y qué le aportó ser monje budista?
Ahondar en el conocimiento de mi esencia.

¿Cómo se alcanza eso?
¿Qué hay en ti que siempre está?

La vida.
¡Muy bien! Esa es la experiencia perenne. Siempre está. Puedes decirte: "Soy la vida".

¿Yo no soy yo?
¿Qué es yo? Trasciéndelo: está la vida.

¿Ha vencido el miedo a la muerte?
Es el cuerpo el que tiene miedo a morir: sentiré miedo si me identifico con mi cuerpo. Pero no si siento que morir es volver a casa.

¿Le ayudó el lama Yeshe?
Mucho. Cuando murió, se reencarnó en el pequeño lama Osel Hita.

Aquel niño de la Alpujarra granadina.
Entre una serie de campanas, ¡reconoció la del lama Yeshe! Fui su preceptor en India.

¿Qué edad tenía el niño?
Unos seis años. Era muy normal, juguetón... Yo le hacía estudiar, disciplinarse...

¿Qué ha sido de Osel?
De adulto lo dejó todo, estudió cine, vive en España y hace años que no nos vemos...

¿Y qué hizo usted?
Siendo niño, el lama Osel me preguntó un buen día algo que me descolocó, que me cambio mi paradigma de monje...

¿Qué le preguntó?
"Tú, Juan, ¿cuánto me quieres?"

¿Y?
¡No supe contestarle, nunca nadie me había preguntado eso en toda mi vida de monje! Dos años después, colgué los hábitos.

¿Y eso?
Sentí que me había estancado.

¿Y qué hace ahora?
Imparto talleres de meditación en España.

¿Cuál es la enseñanza primordial?
Que la felicidad es un estado mental. Y que vale la pena cultivarlo..., sin abdicar de una gratificante vida laboral, social, material... Explico que se trata de "darse cuenta".

¿Darse cuenta de qué?
Sin el "de qué": ¡darse cuenta! Sólo ser consciente del instante presente. De la vida.




Llamamiento a los Guerreros de la Luz

12 de agosto de 2012

Sangha Plumvillage - Thich Nhat Hanh


Frases - Ramtha



Si tenéis el coraje para cambiar hacia adelante, yo seré el viento en vuestra espalda. 

Estás aquí para crecer; estás aquí para crear la realidad, no para mantener el status quo. Estás aquí para crecer en conocimiento, filosofía y luego en la verdad. Estás aquí para vivir, no para tenerle miedo a la vida.