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27 de marzo de 2011

El optimista vive más y mejor - LUIS ROJAS MARCOS

LUIS ROJAS MARCOS PSIQUIATRA, PROFESOR EN NUEVA YORK

MITXEL EZQUIAGA -  DIARIO VAZCO 

Viaja tanto entre los dos lados del Atlántico que ya tiene sus propias recetas para superar el 'jet lag': comer poco y una pequeña siesta. El psiquiatra sevillano afincado en Nueva York llegó ayer mismo a San Sebastián para clausurar 'Diálogos de cocina' con una defensa encendida del optimismo y el sentido del humor.

- No es fácil defender el optimismo hoy: peligro nuclear en Japón, Gadafi recupera fuerzas en Libia, la crisis econonómica golpea...

- No es fácil, no, pero soy un opimista histórico: el mundo está hoy mejor que hace cien años, y mucho que mejor que hace mil. La gran mayoría de las personas tenemos la capacidad de adaptarnos y superar la adversidad. Optimismo consiste en ver el futuro con esperanza, analizar el pasado primando los recuerdos positivos sobre los negativos y enfrentarnos al presente sabiendo que los problemas pueden tener solución. No pensar «que sea lo que Dios quiera», sino tener un papel activo. Y hablar: hablar es bueno para el corazón y para la mente. Al poner palabras a tus sentimientos reduces la intensidad emocional negativa. El optimista ve más motivos para vivir.

- Vivimos en una sociedad en la que el pesimista parece más inteligente y el optimista un ingenuo.
- ¡Pues yo para viajar en un avión prefiero un piloto optimista! Se ha avanzado tanto en la psiquiatría que cada vez hay más científicos que se dedican no a curar enfermedades, sino a otros aspectos que ayuden a superar problemas del ser humano. El optimismo y el amor se estudian de manera científica. Aplicando esos baremos comprobamos que la mayor parte de las personas es en realidad optimista. De cero a diez, la gente se sitúa mayoritariamente entre el 6 y el 8. El optimismo tiene mala fama en Europa. Los filósofos europeos llevan siglos lamentando qué desastroso es el mundo. En Estados Unidos, en cambio, se glorifica el optimismo: si vas a una entrevista de trabajo ni se te ocurra decir que no eres optimista. Allí se presume de felicidad.

- El amargado aquí mira al resto por encima del hombro, como con superioridad intelectual.
- El amargado desconfía de todo. Si tu le invitas a comer en casa, en vez de agradecértelo piensa que le quieres tender una trampa. Desconfiar de todo no lleva a ningún sitio. Yo empecé con 23 años de médico residente en un psiquiátrico de Nueva York: cuando llegaba el invierno los indigentes se acercaban y en muchos casos fingían una enfermedad para quedarse y dormir bajo techo. Un joven colega y yo nos enfrentamos al caso de un vagabundo que amenazaba con suicidarse. Pensamos que nos quería engañar: le citamos para el día siguiente y le dijimos que se fuera. Al instante intentó suicidarse allí mismo: sus tendencias suicidas eran reales. No hay que desconfiar por sistema, no hay que dar tantas vueltas a las cosas.

- ¿El optimista vive más?
- Sin duda. Más y mejor. Acabo de leer un estudio sobre enfermos renales que necesitan diálisis. Quienes dan un nivel alto en el estudio de optimismo viven más. Pero no por magia: el optimista piensa que puede ayudar a superar la enfermedad, toma las medicinas, va a la diálisis... Ni tira la toalla ni se encomienda a Dios: actúa. Quien tiene esperanza tiene más probabilidades: lucha más. Alguien que ha sufrido un infarto o un cáncer también vive mejor con esa actitud constructiva y positiva.

- ¿Hay estrategias para alimentar el optimismo?
- No es fácil en el caso de los adultos. Primero, la persona debe querer cambiar de verdad; segundo, necesita tiempo, y tercero, si va a un psicólogo necesita dinero. Pero en el caso de los niños sí se pueden fomentar actitudes positivas, valorar las pequeñas metas, hacer sentir al crío que puede controlar las situaciones.

- En un mundo tan informado una persona de San Sebastián con todas las comodidades puede vivir angustiada por el terremoto de Japón.
- ¿Pero dejará de pasear por la playa de La Concha por eso? Los seres humanos tenemos una gran capacidad para filtrar. Antes no vivíamos las desgracias ajenas en tiempo real, ahora sí. Pero lo que ocurría antes y ahora es que nos fascina la violencia. Hace dos mil años las gentes más educadas iban al Coliseo a ver gladiadores. Ahora la sublimamos en la tele. Y las malas noticias venden más.

- Usted recomienda que en los botiquines de urgencias haya un frasco de sentido del humor.
- Absolutamente, aunque sin llevarlo a extremos absurdos. El sentido del humor es útil para iluminar el futuro o el pasado o para torear incongruencias. Mi madre murió hace cinco años. Antes, le preguntamos si, una vez fallecida, prefería ser enterrada o incinerada. «Dadme una sorpresa», respondió con una sonrisa. El humor ayuda a relativizar. Darwin decía que la risa era útil como ejercicio físico.

- Nueva York dio la vuelta al 11-S, como usted estudió. El País Vasco se enfrenta hoy al fin de la violencia. ¿Sabremos superar cicatrices?
- Sí. Hace sesenta años la Segunda Guerra Mundial dejó más de cincuenta millones de muertos y el mundo lo superó con capacidad de adaptación y 'mala memoria'. El olvido ayuda a liberarnos. Veo en los hospitales cómo la gente supera enfermedades terribles: eso vale para sociedades enteras. Antes había más violencia. ¿Quién preferiría vivir en el mundo de hace cien años? Ver la evolución con perspectiva invita al optimismo, también en el caso vasco.

- ¿Por qué un psiquiatra en una cita llamada 'diálogos de cocina'?
- Me resulta divertido. Es un congreso muy bien organizado: estoy convocado desde hace un año. Mezclar psicólogos y cocineros es bueno para unos y otros.

- ¿Le gusta comer?
- De pequeño sufría muchas gastritis, pero descubrí que el problema era de cabeza, no de estómago. Aprendí a comer: sé qué me sienta bien y qué mal.

27 de marzo de 2010

"Habla con una pared: ¡hablar solo es muy saludable!"

Luis Rojas Marcos, psiquiatra
"Habla con una pared: ¡hablar solo es muy saludable!"
VÍCTOR-M. AMELA - 26/03/2010


"No importa lo que pase: ¡importa cómo vives lo que pasa!", dijo un viejo sabio. A esa capacidad la llaman hoy resiliencia, y Rojas Marcos le dedica el manual Superar la adversidad (Espasa), pistas para asimilar mejor reveses. Una cita de Darwin lo encabeza: "No son los más fuertes de la especie los que sobreviven: sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios". Y para ello conviene autoconfianza, nacida del cariño ("yo era un desastroso estudiante... hasta que una profesora me hizo sentir que confiaba en mí", recuerda don Luis), y el escudo del humor: cuando don Luis preguntó a su madre qué prefería que hiciesen con su cuerpo al morir, ella dijo: "Dadme una sorpresa".


Tengo 66 años. Nací en Sevilla y vivo en Nueva York desde 1968. Soy médico y psiquiatra. Estoy casado y tengo cuatro hijos (de 40 a 19 años) de dos matrimonios, y un nieto (1 año). ¿Política? Social. ¿Dios? No creo, y respeto a los que creen. Afectos y autonomía dan resiliencia


Resiliencia es…
La capacidad humana de asimilar y superar adversidades graves. Deriva del latín resilire:rebotar.


¿La resiliencia nos ha llevado hasta aquí como especie?
Es un mecanismo adaptativo, sin duda.


¿Qué adversidad es la peor?
Perder a alguien muy querido. Padecer una enfermedad terminal, o un accidente traumático, o una agresión violenta... En términos generales: una ruptura fuerte.


¿Ruptura con qué?


Con tus conexiones con la vida hasta el momento. Si depositas tu identidad en tu empleo, ¡perderlo será una grave adversidad!


Y me quedaré sin sustento material.
Ya, pero adversidad grave es la que sacude tu sentido de la vida, la que te lleva al "¿tiene ahora algún sentido seguir viviendo?".


¿O resiliente o suicida?


Sí. Aunque habrá también quien siga vivo sin vivir, pasivo. O con hábitos autodestructivos, que es otro modo de suicidio.


Deme tres ejemplos de resilientes.
Joseph (54 años) superó un cáncer de páncreas. Hoy se le ha reproducido, le afecta ya a los huesos. ¡Yo hubiese tirado ya la toalla! Él sigue activo, relacionado, sin hundirse.


Otro.
Rose (44 años), de clase media-alta: desde los 5 años su tío abusó de ella sexualmente. Eso le ha dificultado confiar en los demás, relacionarse... Pese a todo, ha sabido sobreponerse y cultiva la confianza.


Y tres.
Marie ha visto morir de leucemia a su único hijo (23 años), que ella crió como madre soltera. Hoy me dice que ese trauma la ha hecho sabia, que hoy sabe qué es esencial y qué es superfluo. A este fenómeno le llamo crecimiento postraumáutico.


¿Aprender de la desgracia?
La mayoría preferiría no haber vivido ese sufrimiento, pero a la vez te confesarán que eso los ha hecho mejores…


Un tetrapléjico me dijo que no cambiaba su vida por la anterior al accidente...
Estudios con personas que han sufrido una grave adversidad revelan que su grado de felicidad presente es casi idéntico al que tenían antes del suceso. Se observa lo mismo entre gemelos idénticos.


En tal caso, la resiliencia podría ser una aptitud genética.
Tiene una base genética, seguro. Pero interfieren después factores ambientales.


¿Cuáles?
Dos, fundamentalmente: uno, el grado de conexiones afectivas; y dos, el grado de autonomía personal.


Repasemos: uno, conexiones afectivas.
Se trata de haber recibido afecto y tener una red de amigos. ¡Cultívelos! Si tienes con quien hablar y compartir, ¡estás salvado!


¿Sí? ¿Basta con hablar?
Sí: cuando me abandonó mi primera mujer, yo caí en una depresión. Y hablar con un amigo me salvó.


¿Ha sido esa ruptura conyugal la mayor adversidad de su vida?
Sí..., hasta que estuve a punto de morir en el 11-S, donde desaparecieron varios conocidos míos, como el mismo jefe de bomberos... Lo superé también hablando con amigos...


Necesitamos ser escuchados.
Es algo aún más elemental: hablar supone objetivar verbalmente las emociones, empaquetarlas en palabras, sacarlas de ti, alejarlas..., y eso va diluyendo el conflicto emocional. Incluso hablar con tu perro, tu gato...


¿Y si no tengo ni un amigo, ni un perro ni un gato?
Háblate a ti mismo al espejo.


...
¡Sí, sí...! O con la pared. Habla con una pared. ¡Habla! Que sí, que eso te aliviará: ¡hablar solo es muy saludable!


Le creo, pero mejor cultivaré amigos. Dos: autonomía personal, me decía...
Un científico, Sanderson, hizo un experimento ilustrativo: reclutó a personas que se ahogan ante el CO y les hizo respirar aire 2 por un tubo, inyectando crecientes dosis de CO ..., pero haciendo creer a la mitad de


2 ellos que girando una llave podían minimizar la dosis. Eso era mentira, ¡pero el 75% de estos permanecieron tranquilos..., mientras que el resto padecía accesos de pánico!


Conclusión.
Sentir que dominas las riendas de tu vida te da poder sobre tus circunstancias.


Sabiendo todo esto, ¿cómo puedo aplicármelo para fortalecer mi resiliencia?
Uno, cultiva tus relaciones afectivas. Dos, narra lo que te pasa, cuenta tu historia. Tres, intenta pensar que tienes poder sobre tus circunstancias, y así minimízalas. ¡Crecerás en autoestima y autocontrol! Serás más resiliente: alejarás la infelicidad.


¿Quiénes son más resilientes en general, los hombres o las mujeres?
Aunque nacen más hombres que mujeres, acaban sobreviviendo más mujeres que hombres... Es un dato.


Si le pregunto: "Vivir, ¿para qué?", ¿qué me responde, doctor?
Dímelo tú. Si tú no encuentras motivo alguno para vivir, ¡nada puedo hacer yo! Pero siempre suele salir algo ínfimo: ver salir el sol, ver un partido... Y tirando de ese hilo, de lo que se esconde detrás de eso, encontraremos las conexiones con la vida...


¿Cuál es su motivo para vivir, doctor?
¡Tengo tantos, felizmente...! Pero si me obligas a quedarme sólo con uno, te diré uno: "Ya que estoy aquí..., ¡aprovecho!".