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9 de febrero de 2014

Aliados para tiempos de cambio - Los cristales

Cristales que con su energía sutil nos pueden ayudar a sobrellevar momentos difíciles

Pablo Arturi
Estamos viviendo momentos de inmensos cambios a nivel global, que nos afectan de una u otra forma a nivel particular. Muchos percibimos estos movimientos planetarios, sociales y particulares de distinta forma. A ciertas personas les afecta
a nivel físico, a otras a nivel emocional o mental, y algunas en los tres niveles simultáneamente.
Simplificando, podemos decir que está surgiendo cansancio excesivo a nivel físico, inestabilidad a nivel emocional e incertidumbre a nivel mental. Para poder enfrentar estos síntomas contamos con las gemas, ya que tienen una energía afín con nuestros cuerpos (físico, mental, emocional, espiritual). Su energía sutil pero potente nos puede ayudar a sobrellevar más fácilmente esta etapa de cambios.
Por lo fáciles de encontrar y su precio económico sugiero las siguientes gemas: amatista, pirita, cuarzo rosa y turmalina negra. La amatista es una piedra esencial para tener cerca de nosotros. Su energía ayuda a calmar la mente, permitiéndonos conectar con nuestra sabiduría y contactar con nuestros guías. Limpia patrones mentales, transmuta energías densas. Es la piedra ideal para llevarnos a nuestro espacio interior en momentos de meditación. Podemos ponerla debajo de la almohada para guiarnos en los sueños y descansar mejor, o llevarla encima para cuando estemos estresados, cogerla y respirar su paz. Su energía nos ayudará a pensar más calmadamente.
La siguiente gema es la pirita. Algunos la llaman “falso oro” por su color. Es una piedra que nos aporta la fuerza de su elemento fuego a nivel físico, a la vez que fortalece y clarifica la mente con su rayo dorado. Ideal para el agotamiento. Llevarla encima es como llevar una batería de reserva, que se recarga cada vez que la dejamos al sol. La cogemos y sentimos cómo su poder nos llena de vitalidad, dándonos fuerza para enfrentar nuestros miedos y ponernos en acción.
El cuarzo rosa es una piedra esencial en nuestro en- torno y en cualquier trabajo terapéutico. Su energía femenina vinculada con el elemento agua resulta ideal para sanar y calmar nuestras emociones. Es un cristal suave pero potente a la hora de sanar heridas emocionales, disipar miedos y abrir nuestro corazón. Es una piedra maestra para conectar con el niño interior y recuperar el sentimiento de hogar en nuestro corazón. La llamo “la piedra del perdón” ya que abre nuestro canal de amor incondicional, liberando y dejando partir todo lo que no es afín con su frecuencia (rabia, rencor, miedo, etcétera). Nos comunica esa sensación interna de seguridad y aceptación: “todo está bien, relájate”.
La turmalina negra es la famosa piedra para las
“energías negativas”. Su fuerza electromagnética nos conecta con el elemento tierra. Ideal para lugares de trabajo con personas o situaciones negativas. También calma ansiedad, estrés y limpia nuestros pensamientos negativos. Su buena conductividad arrastra y remueve toda energía negativa estancada. Ideal para llevarla en-
cima o tenerla en nuestro lugar de trabajo.
Finalmente, debemos tener en cuenta que las gemas son elementos vivos aunque no las percibamos así, razón por la cual evolucionan con nosotros a medida que las usamos cada vez más. T


14 de julio de 2012

"Las piedras reflejan el misterio de la creación, el milagro de la vida", Dominique Mirambeau


Fue modelo profesional y una afición por los minerales pronto emergió en su vida. En India le impactó la belleza y poder de las piedras, que la llevaron a explorar el potencial de ese reino natural poco conocido. De su amistad con el genial artista Moebius nació el libro "Cristal Saga 22", que presenta este mes en Valencia





-¿En algún momento de tu carrera como modelo, allá por los años 70, ¿pensaste que ibas a cambiar ese mundo por el de los minerales, Dominique?

-Mi afición por los minerales fue un tema que mantuve escondido en aquellos años tan movidos. De niña me fascinaban las piedras. Al pasear en el campo, iba recogiendo pedruzcos. Cuando fui modelo, me gustaba llevar anillos espectaculares. A los 33 años perdí a mi marido y este drama provocó un gran cambio en mi vida, un “antes y un después”. Así decidí llevar mi hijo a la India, donde había encontrado un colegio internacional, al borde de los Himalayas. La llegada fue un shock porque nunca había estado en ese país. También resultó ser un reencuentro con el mundo mineral. Todo el dinero que llevaba encima, ¡lo gasté en piedras preciosas!

-Además de las piedras, ¿qué descubriste en los Himalayas?

-Estaba caminando sobre el techo del mundo, descubriendo el significado de las palabras: “a la gracia de Dios”. Allá, cuando subes a un autobús, ¡nunca sabes si vas a llegar o no al destino! Es como estar suspendido en el tiempo y en el espacio, como si fueses una pluma en el aire. Delante del vértigo colosal que despiertan los Himalayas, sentí que sobrepasaba mis propios límites. Cuando llegas a “perderte” en lugares como esos, experimentas miedo y, al mismo tiempo, exaltación. Finalmente te rindes a la vida.

Llegué al nacimiento del Ganges, a más de cinco mil metros de altitud, luego de tres días en bus. Ahí están la fuente y el torrente donde surge el río, con rocas redondas, muy gordas. El agua tiene un caudal impresionante, provocando un ruido atronador al precipitarse sobre las rocas… ¡Me quedé petrificada! Los hindúes se bañan allí para purificarse.

-Pudiste ver manifestaciones del budismo tibetano. ¿Qué es lo que te atrae de esta corriente espiritual?

-Su belleza única, austera y coloreada, su profundidad. Me gustan mucho sus mantras, estos cantos meditativos. Aquellos tonos tan graves me impresionan, resuenan en mi interior. Tengo un gran respeto por el budismo tibetano.

-Y regresaste de India…

-Sí, con gemas maravillosas, en bruto, que compré en Jaipur, la meca de las piedras en India. Conocí joyeros de otros tiempos. De regreso a Barcelona, me puse a diseñar la colección “Piedra de Luz”, la primera que presenté junto con los dibujos de cristales hechos por Moebius.

-¿De qué modo conociste a Moebius?

-Tuve un sueño premonitorio en junio del año 90: soñé que mi artista favorito de comic venía a visitarme a Barcelona, donde yo vivía desde casi veinte años. Moebius aparecía en un “dos caballos”, un viejo Citroen 2CV, acompañado por su mujer, y me pedía que le buscara un paquete número 70 en una papelería. Allí veía una pared llena de compartimentos con fundas blancas y tubos de cartón, de los que colgaban tickets con números. El sueño terminaba con la frustración de no haberlo encontrado. Pero Moebius me decía: “No te preocupes, ¡ya lo encontrarás!”. Tres meses después hice un viaje a París con fotos de mi esposo fallecido, que había sido fotógrafo, porque quería publicarlo en forma de libro de arte. Aquel día llovía mucho y, para proteger las fotos, entré en una papelería grande para comprar una funda. Solo quedaba una, de plástico blanco, y cuando fui a la caja para pagar, la señora dijo: “Son 220 francos… ¡Perdón!, 70, son 70… 270 francos.” Fue cuando sentí algo extraño, algo ya vivido. Rápidamente recordé el sueño.

En la agenda tenía una supuesta dirección de Moebius, que había conseguido mi hermana por si acaso yo decidiera escribirle una carta. Habíamos pensado en contactar con él y pedirle ayuda con el tema de las fotos. Pero no me había atrevido. Así que salí de la tienda, tomé el metro y me dirigí a ese lugar. Allí vivía su primera esposa y me atendió su hijo, quien estaba hablando precisamente con él. El joven me pasó el teléfono ipso facto y así fue como conseguí nuestra primera cita un par de horas después. Moebius llegó con su segunda esposa y así nos conocimos los tres, como si fuéramos amigos de toda la vida.

-¿Qué pasó luego de ese encuentro?

-Moebius aceptó ilustrarme el libro de fotos de mi marido, y también nos dimos cuenta de que nos encantaban los cristales a los dos. En 1986 él había dibujado Cristal Saga, su primera serie de dibujos cristalinos, que se publicó luego como postales y dentro del álbum “Made in Los Angeles”. Fue su época californiana y nueva era. Ese título épico de Cristal Saga evocaba la dinastía de los cristales. También le gustaba mencionar el número 22… En mi sueño premonitorio, aquella cajera había pedido 220 francos y luego 70… ¡No hay que olvidar que somos de la generación creativa y rebelde de esos años setenta!

-¿Cuál era el motivo por el que Moebius hablaba del 22?

-El 22 es la cifra sagrada de los arcanos mayores del tarot. A Moebius le encantaba el tarot, que practicaba con Alejandro Jodorovsky. Los dos solían llevar un juego de cartas pequeñas en el bolsillo.

-¿Cómo definirías tu experiencia, desde esos inicios, con las piedras?

-Pues como algo muy familiar, una presencia que necesito. Me gusta tener siempre una piedra a mi lado, o llevarlo encima sobretodo como pulsera. Prefiero una pulsera a un collar… ¡porque puedo mirarlo! Hay personas conectadas con los minerales, otras con las plantas o los animales. Me parece que existe una afinidad específica con alguno de estos reinos para cada uno de nosotros. Las piedras me transmiten belleza infinita. Las veo como esculturas milagrosas que me acercan a las fuerzas creativas del universo. Como me siento muy mariposa, muy aire, -¡soy Acuario!-, tengo la impresión de que las piedras me sirven de ancla.

-Te refieres a tus piedras como joyas metafísicas. ¿Por qué?

-Van más allá de lo físico. Reflejan el misterio de la creación, el milagro de la vida. Una joya mineral es mucho más que un adorno. Vale la pena llevarla “de otra manera”, darle un significado simbólico, incluso abstracto… Defino a la metafísica de este modo.

-Es decir, en los minerales encuentras belleza, también un proceso alquímico. ¿Qué experiencias personales tienes con los minerales? 

-La conexión con una piedra abre una ventana en la mente, a nivel del inconsciente. ¡Actúa como una chispa! Por mis estudios y las sesiones que probé con los demás, mi conclusión es que los cristales iluminan la memoria celular de la persona y provocan un estado parecido a sueño lúcido, fuera del espacio-tiempo, que desde luego vale la pena explorar.

-Lo dices como si se tratara de una experiencia chamánica… un sueño lúcido.


-Podríamos hablar de la liberación de algo pendiente. En la primera sesión que me dieron con cristales y piedras, un “experimento” inolvidable, lo que llegué a sentir fue tan sorprendente, tan intenso como si cada piedra se pusiera a vibrar. Tuve una sensación deliciosa, como si todo mi cuerpo se fuera soltando, sanando. Las piedras producen un efecto especial en cada persona. Alguien puede tener una reacción diferente a una piedra con respecto a otra persona con la misma piedra. Es muy relativo. Pero hay que mencionar una excepción: el cuarzo rosa, que suele dar siempre sensación de bienestar, y ayuda a personas deprimidas, solas o que se sienten rechazadas. Una pequeña pirámide de cuarzo rosa colocada en medio del pecho transmite un gran alivio.

Además, pienso que los minerales se impregnan de la energía de los lugares, de las personas que las poseen. Si una piedra ha sido muy trabajada por alguien con máquinas agresivas, es como si hubiera sufrido, así lo percibo. Me gusta que guarde su forma inicial, tal y como salió de la roca. La gema facetada no posee la misma energía que una sencilla. Prefiero la piedra bruta, irregular. Por otra parte, también me importa la tienda donde se compra.

-Actualmente, ¿cómo es tu trabajo con las piedras?

-Hago un trabajo muy personal. He dado muchas sesiones con amigos. Me encanta descubrir nuevos efectos de las piedras. Pero no me gusta ir de terapeuta. Yo me siento artista, me apetece crear joyas, amuletos, estar con alguien en un momento preciso para ayudarle a descubrir algún misterio. Sin embargo, me cuesta mucho repetir las cosas y entonces me resisto a dar sesiones, una detrás de otra. Pero como lo cuento en este libro de “Cristal Saga 22”, he tenido la oportunidad de guiar a personas en su camino de la verdad, personas que no conseguían entender su malestar, después de haber probado otras técnicas como, por ejemplo, el psicoanálisis. Con la ayuda de las piedras es increíble lo que puede llegar a pasar.

-Por ejemplo…

-Pues de todo un poco, porque no se repite el mismo guión jamás… ¡Todo es posible! Habitualmente, empiezo liberando el cuerpo de memorias porque considero que, antes de viajar hacia otros mundos, es mejor liberar cadenas. Comienzo el repaso del cuerpo por los pies y voy subiendo, descubriendo tensiones, bloqueos, y lo escondido adentro del dolor. En algún momento puede costar liberarse de ello, pero luego la persona se da cuenta de que ese drama tampoco valía tanto como para sufrir. Ayudo a pasar ese mal rato y procuro armar de valor a mi paciente, como si se transformara en guerrero del espíritu. Realmente vale la pena cruzar ese umbral.

-En tu casa seguramente estás rodeada de minerales. ¿Tienes debilidad por alguna en especial?

-Una drusa de cuarzo muy grande, que llamo “El Bebé”, un ramillete de cristal que pesa unos quince kilos, con el cual he hecho muchas relajaciones y ejercicios de sanación.

-¿De qué forma limpias, tus cristales?

-Me gusta limpiarlos con agua de lluvia. Según qué piedras, como las oscuras, densas, se pueden meter en la tierra, luego lavarlas y ponerlas al sol. Hay que tener cuidado con la amatista, que no soporta el sol porque se quema, volviéndose dorada. La amatista se limpia también con agua pura y conviene ponerla de noche bajo la luna, ¡luna llena, mejor!

-Cuéntame qué es “Cristal Saga 22”.

-Fue el título de la primera exposición de cristales que monté para Moebius en Barcelona, hace veinte años, nuestra primera gran aventura. Allí presenté mi colección “Piedra de Luz”, cuando volvía de India. Posteriormente hicimos más exposiciones, la presentación de “Color de Amor” por ejemplo, con las fotos de mi marido. Moebius siempre me ayudó. Después de la exposición de Barcelona, me dijo que valía la pena sacar un libro sobre mis experiencias y por eso publiqué en Francia “La sonrisa del cristal” con veintidós capítulos míos, veintidós dibujos suyos y veintidós cristales del planeta Tierra. Pero me negué en hacer presentaciones y talleres de fines de semana. El editor tampoco sabía en aquel entonces quién era Moebius y no le dio mayor importancia. La obra quedó arrinconada. Pero amigos españoles empezaron a reclamarlo para España. Incluso me regalaron la traducción. A principios de este año 2012, Moebius y su mujer me dieron el semáforo verde. Cuando en marzo falleció el gran artista, decidí publicarlo como un homenaje a él.

-¿Qué encontramos en tu libro?


-Aventuras fantásticas, testimonios asombrosos, vivencias reales que se han producido con las piedras. Puede parecer ciencia ficción, pero se cuenta la verdad. Existen muchos libros sobre cristales, muy teóricos, metafísicos, pero que no explican qué ocurre realmente. Por eso creí interesante contar las experiencias asombrosas que tuve la suerte de presenciar. Cada capítulo presenta un tema específico y algunos han sido escritos por sus propios protagonistas, sobre sus aventuras. ¡Este libro indefinible muestra una infinitud de posibilidades! Quise escribir una novela entretenida, fantástica, no un manual.
-Y lo presentarás aquí, en Valencia.

-Sí, tengo muy buenos amigos en Valencia y voy un par de veces al año. Llevo años colaborando con la princesa de los minerales en esta ciudad, Carla Iglesias, quien tiene la tienda de Aqua Aura. También hice muchos desfiles en mis años de modelo con Francis Montesinos, el famoso diseñador valenciano.
¡Me encanta su originalidad fallera

-Un consejo final para vincularse con los cristales, como tú lo vives.

-Más bien, le preguntaría a quien se interese, y no conozca el tema, hasta qué punto considera a las piedras como seres vivos. Lo curioso es que las personas consideramos a las plantas y los animales como algo natural y vivo, pero a las piedras no. Tenemos que recordar la presencia hermosa y benéfica de las piedras, por debajo del suelo que pisamos cada día. El cuarzo actúa como una pila subterránea que activa la vida en este planeta. Tiene una pulsación constante, inalterable, presente en relojes, portátiles, etcétera, y la gente generalmente no lo sabe. Para mí, es la manifestación de la luz cósmica en este planeta, una cristalización de la red universal.

Aurelio Álvarez Cortez

www.tu-mismo.es

12 de noviembre de 2007

Percibí que el cristal tenía la respuesta

Nota diario La Nacion

Las manos de Grace Argüelles juegan con un cristal ovalado de brillo extraño. Cuenta que se trata de una obsidiana arco iris, conocida en Oriente como el ojo de Buda . "Aunque nuestro ego crea lo contrario, tendríamos que aceptar que cuando elegimos una piedra, en realidad, es la piedra la que nos elige a nosotros. Porque esa piedra contiene la energía que necesitamos para restaurar nuestro equilibrio interior", sonríe, misteriosa.

"Recuerdo algo que me ocurrió hace un tiempo. Una tarde entré en un negocio donde vendían piedras, con la idea de regalarme un cristal porque se acercaba mi cumpleaños. En algún momento, y sin darme cuenta, tomé uno y lo apreté contra mí, mientras elegía. Estuve un buen rato buscando indecisa, y si bien había uno que me atraía especialmente, no terminó de convencerme. Finalmente, algo sorprendida al descubrir que todavía llevaba en la mano el que había tomado al entrar, lo dejé y salí del negocio."

Argüelles acaba de regresar de una travesía que la lleva todos los años por España, Colombia, Perú, México y Costa Rica, donde da cursos y aplica sus investigaciones y estudios de cristaloterapia a la curación.

"Una semana más tarde de mi visita a ese negocio de piedras, mis alumnos me preguntaron qué cristal me había gustado más, porque querían regalármelo para el cumpleaños. Les indiqué el que me había atraído especialmente, pero al llegar al local el dueño les dijo que ése no era el que yo quería. ¿Cuál entonces? , preguntaron asombrados mis discípulos. ¡Este! , exclamó el encargado, mostrando el que yo había llevado inconscientemente en la mano mientras duró mi permanencia en el negocio. Por supuesto, ése fue el regalo y todavía lo conservo. Comprendí que mi ademán al tomarlo sólo fue inconsciente en apariencia. Pienso que en cuanto entré en el local se estableció un contacto sutil entre mi cristal y yo. Como diríamos, un amor a primera vista.

-¿Por qué?

-Es que había algo en mí que necesitaba de él, de su energía. Y yo, en mis niveles más profundos de conciencia, percibí que el cristal tenía la respuesta. En la naturaleza todo está interrelacionado, es la famosa ley de sincronicidad de la que hablaba Carl Gustav Jung. Nunca estamos solos, pero, curiosamente, hemos desarrollado una cultura que no nos permite disfrutar esa realidad maravillosa. Y eso siempre termina por enfermarnos porque, aunque lo hayamos olvidado, nosotros somos una parte ineludible de la naturaleza.

-¿Qué es lo que no vemos?

-Los teóricos de la nueva física, la cuántica, sostienen que todo lo que nos rodea o podemos imaginar es energía e información. ¡Y es cierto! Lo vemos en las cosas más sencillas. Vivimos dando y tomando energía. Recibimos energía con la mano izquierda y la damos con la mano derecha. Si somos zurdos, es al revés. Incluso todo nuestro lenguaje gestual está basado en dar y tomar energía: palmadas en la espalda, apretones de manos, caricias... Cuando saludamos con el brazo extendido y agitando la mano a alguien que descubrimos caminando en sentido contrario por la vereda de enfrente, o a un amigo que parte en un barco o en un tren, ¿qué estamos haciendo? ¡Enviándole energía! Regalo que él, a su vez, retribuye extendiendo el brazo y brindándonos su energía. Todo es un diálogo, un intercambio fabuloso y dinámico del que no somos conscientes. Entre otras cosas, la actitud distante afecta también nuestra relación con uno de los reinos más importantes del planeta: el mineral. Sin embargo, hay en lo profundo de nosotros un deseo de restablecer la comunicación.

-¿Cómo lo sabemos?

-¡Hay pistas! Por ejemplo, cuando vamos de vacaciones a las sierras cordobesas sentimos, de pronto, una alegría particular. Porque el paisaje tiene algo novedoso, ¡está poblado de piedras! Podemos tomarlas; observarlas; acariciar su superficie rugosa con raras texturas en la que asoman espectros de minerales novedosos; sentir su calor. Llevarlas a nuestras casas y distribuirlas en lugares visibles para renovar un ambiente opaco y previsible.

-¿Qué es la cristaloterapia?

-Un arte de sanación muy antiguo y potente que opera sutilmente. Sobre el cuerpo del paciente se disponen los cristales en los centros energéticos afectados hasta que su vibración se restablece y armoniza el correcto funcionamiento. En nuestro ADN hay cristales, por eso es posible que las vibraciones de los minerales sanadores curen nuestro cuerpo.

-¿Cómo se conversa con un cristal?

-Para dialogar con un cristal debemos, en primer lugar, sosegar o dejar a un lado nuestra mente. Porque es un diálogo sin palabras, un diálogo de percepciones táctiles, visuales, térmicas, etcétera. Cierre los ojos, acaricie el cristal, sienta su calor, su textura, y las imágenes le irán revelando sus secretos, sus virtudes sanadoras Al principio puede resultar algo cercano a la ciencia ficción, pero no se desanime. ¡Haga la prueba!

Luis Aubele


Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/894319

2 de noviembre de 2007

Programando un Cristal

1. Para programar un cristal lo ideal es elegir un cuarzo cristalino, transparente.
2. Limpiarlo sumergiendolo en sal marina, agua y dejandolo al sol.
3. Deja tu cristal cerca mientras entras en meditacion
4. Una vez que haz entrado en estado profundo, toma el cristal y ponlo con la mano derecha sobre el tercer ojo. Con la izquierda sigue absorviendo energia.
5. Visualiza lo que quieres programar. Visualizalo con todos los detalles que puedas.
6. Observa como esta visualizacion entra en el cristal. Llena el cristal con tu mensaje, tu pensamiento
7. Una vez que sientes que el mensaje ha quedado fuertemente grabado, retiras el cristal agrdeciendole y lo dejas a tu lado.
8. Cierras la meditación como es habitual.