13 de abril de 2010

"Yo no creo en la resurrección, veo la resurrección cada día"

Tomeu Català, presidente del Proyecte Home en España
"Yo no creo en la resurrección, veo la resurrección cada día"
IMA SANCHÍS  - 13/04/2010

Los otros

El Proyecte Home acoge a todo tipo de personas con drogodependencia, es aconfesional, apolítico y gratuito. El tratamiento, personal y cercano, es dispensado por un equipo multidisciplinar (80 profesionales). Al centro, famoso por sus éxitos, acuden desde presos hasta ejecutivos: "Poco a poco, van dejando su individualidad y pueden sentir que nadie los juzga por su pasado". Tomeu es un hombre de carácter, dice lo que piensa, y necesita el contacto con la gente. "La víspera de mi infarto me dieron la medalla de Isabel la Católica. Cuando vi que llegaba mi fin, la medalla no pintaba nada, por mi cabeza sólo pasaba la gente que amaba. Y ese es el aprendizaje constante: valorar el afecto de los otros"

Nací el día de San Ramón Nonato en Vilafranca de Bonany (Mallorca), hace 68 años. Estoy licenciado en Filosofía y en Ciencias de la Educación. Soy sacerdote diocesano. ¿Política?... Las personas debemos relacionarnos con el corazón. Me siento querido por Dios

Cuándo sintió la llamada?

Alos 16 años, y no quise escucharla,  el celibato me iba a contrapelo y la pobreza no me gustaba, había estado educado en el tener.

Dos razones poderosas.

Al final fui fiel a mí mismo por encima de los miedos. Creer en Dios está más allá de los dogmas. Y yo intento ir más allá de la apariencia, me interesa lo profundo del otro, y si puedo llegar, la relación es fluida y fácil. Esas son mis creencias.

¿Sin crisis?

Tres o cuatro años después de entrar en el seminario tuve mi primera crisis de fe. Yo oraba: "Si es que existes, haz que lo vea".

¿Lo vio?

Lo viví, me di cuenta de que Dios era una realidad; la aceptaba o no la aceptaba.

Ysu vida se convirtió en docencia y parroquia.

Quería formar personas. Y surgió el problema de las drogas, una epidemia de heroína, y el gobierno y el obispo me pidieron ayuda. Estudié el tema y entendí que las causas de la drogodependencia son humanas, culturales, personales y sociales. Italia nos llevaba la delantera, allí nos formamos e importé su proyecto.

Un proyecto aconfesional.

Eso me parecía importante: la libertad. El proyecto debía estar abierto a todo tipo de personas: no nos importa de dónde venga; la única condición es que quiera ser protagonista de su rehabilitación.

¿Qué ha aprendido en estos 20 años?

Que por destruida que esté una persona siempre tiene capacidad para recuperarse, aunque lo haya intentado cientos de veces. Decir que una persona no tiene remedio es no creer en las personas. Y no es una teoría o una esperanza, ¡yo lo veo, lo toco, lo vivo!

...

... Y también he aprendido que, más allá de las apariencias, existe algo muy tierno que todos tenemos, hay que saber encontrarlo.

¿Y usted cómo lo encuentra?

Estando abierto, escuchando no lo que me dicen, sino lo que hacen, acompañando, exigiendo, provocando. Yo estoy convencido de que, más pronto o más tarde, toda persona, con o sin adicciones, en algún momento de la vida conecta con lo profundo de sí misma. Si estamos lo suficientemente atentos, esa conexión nos puede revolucionar.

Pero siempre hay un motivo motor.

Es posible que la mecha la encienda algo externo: un hijo, la familia, un juez, tocar fondo... Si en ese momento sabes escucharte y hacer algo con esa revelación, el cambio sucede. Normalmente, alguien con problemas de drogas no vive el presente, o bien piensa en el futuro y hace planes que no lleva a término, o vive en un pasado desgraciado. Hay que ayudarles a vivir en el presente.

¿Un presente vacío?

El presente no es complicado: ducharte, prepararte el café...; estar presente en lo que haces.

No es fácil cambiar de hábitos.

Hace siete años tuve un infarto, y a mis 61 años tuve que cambiar hábitos; sé que no es fácil, pero es posible. Renuncié a muchas cosas y empecé a valorar otras en las que no me había ni fijado. Sólo tú decides cómo quieres vivir.

Esa es una verdad que solemos vestir con excusas.

Por eso el infarto ha sido uno de los grandes regalos de mi vida. Estuve más de una hora sobre el volante, no podía moverme, el dolor era inmenso y tuve la sensación de que moría. Pero tuve dos experiencias fortísimas: vi pasar imágenes de personas a las que quería mucho, vivos y muertos, y lo viví con mucha paz. Nunca había estado tan bien.

Qué curioso.

Entendí que el amor es lo esencial en la vida, valorar el afecto de los otros. También pensé que debía pedir perdón antes de morirme, pero no encontré nada de lo que arrepentirme. Después, reflexionando..., porque ahora sí recuerdo cosas por las que pedir perdón, he llegado a la conclusión de que cuando Dios perdona, olvida. Y yo quiero aprender esa lección.

¿Que sólo existe hoy?

Sí, que lo importante es este momento.

¿Y si el momento es insoportable?

Mucha gente se droga por eso, para no sentir ese dolor; pero será en un momento dado cuando decida que así no quiere vivir.

Usted ve mucha miseria, ¿cómo lo resuelve con Dios?

Estuve en una parroquia celebrando la Pascua y me salió decir: "Yo no creo en la resurrección, yo veo la resurrección cada día". Dios es la posibilidad que tenemos todos de hacer el bien, y haciendo el bien provocamos que otro pueda encontrar a Dios en su interior. Debemos descubrir que Dios está en todo, no querer ponerlo en todo.

¿Por qué algunos sufren tanto y otros tan poco?

Nunca he conocido a nadie que no haya sufrido, sea del estatus social que sea y aparente lo que aparente. Una persona me preguntó: "Tú que los ves de cerca, ¿cómo son los drogadictos?"... "Como tú", le contesté. Sufrimiento y alegría hay en todas partes, lo importante es la actitud ante lo que ocurre.

Ocurren muchas cosas.

Hace cuarenta años y pico, la gente del pueblo en el que vivía no podía estudiar: para eso había que ir a la ciudad. Decidí estudiar una carrera para poner un colegio en ese pueblo. Ante una necesidad, responde.

8 de abril de 2010

"La meditación transforma el cerebro a largo plazo"

Are Holen, experto en estrés postraumático y creador de un método de meditación
"La meditación transforma el cerebro a largo plazo"
IMA SANCHÍS - 08/04/2010




Sin budas ni incienso


Es un hombre de extremos, investiga los efectos de la meditación, relajación profunda, y el estrés postraumático. Fue requerido por el gobierno de EE. UU. tras el ataque a las Torres Gemelas y en Tailandia tras el tsunami para colaborar con el tratamiento psicológico inicial de los afectados; y ha trabajado como investigador en la Universidad de California. En 1966 creó la escuela ACEM, una organización voluntaria sin ánimo de lucro, un método no religioso de meditación y de mejora personal desarrollado por médicos y psicólogos que tiene actividades en diversos países, incluido España. Los estudios científicos realizados pueden consultarse en www.acem-med.cat/General.html




54 años. Soy noruego. Casado y con dos hijos. Licenciado en Psicología, doctor en Medicina y especialista en Psiquiatría. Profesor de Neurociencia en la Universidad de Trondheim. La educación es la herramienta para la prosperidad de un país. Creo en un Dios no punitivo


En 1980, una plataforma petrolífera entre Inglaterra y Noruega se hundió. De 212 personas sobrevivieron 89, a las que veo cada año.


Pues lleva treinta años tratándolas. ¿Alguna conclusión?


Me he pasado años investigando el estrés postraumático tras situaciones de desastre y he comprendido que hay que atender a las personas en el momento inmediato a la catástrofe, porque con el estudio inicial puedes saber cuál será su evolución y qué tratamiento debe seguir cada cual.


¿Cómo afecta enfrentarse a la muerte?


Por lo general, las personas aprecian más la vida, los amigos y las actividades de ocio, y se preocupan más por su familia.


¿Incrementa su fe en Dios?


Eso es algo que me llamó mucho la atención: en general, la gente deja de creer tras un desastre.


También investiga usted los efectos de la meditación en el cerebro.


Empecé a hacer yoga y meditación a los 16 años, un año después de que mi padre, también médico, enfermara. La meditación me conectó con mi interior, con la comprensión de las emociones. Resultaba fascinante desde el punto de vista existencial.


¿Y decidió compartir la experiencia?


Siendo todavía estudiante, creé la escuela internacional ACEM, dos años antes del 68, así que había muchísima gente que quería aprender y crecimos muy deprisa. Mi método no se basa en ninguna fe religiosa ni filosófica; se explica en términos científicos y siempre en el contexto de la psicología moderna.


Cuénteme.


Hemos realizado una serie de investigaciones, todas publicadas en revistas científicas, que intentan averiguar qué hace que la técnica de la meditación funcione.


¿Y?


En un principio, en los años 60 se investigaron y reconocieron los cambios fisiológicos que provoca la meditación: descenso de los latidos cardiacos, de la frecuencia respiratoria, de la tensión muscular y arterial y disminución del consumo de oxígeno.


Pero lo suyo es el cerebro.


Sí, el año pasado publicamos una serie de artículos en los que se demuestra que las ondas cerebrales durante la meditación ACEM muestran relajación pero también procesamiento psicológico.


¿Qué significa eso?


Cuando meditas, partes concretas del cerebro emiten ondas theta, que alivian el estrés y a largo plazo producen una sustancial reducción de la ansiedad; aumentan la habilidad mental, impulsan la imaginación y la creatividad; reducen el dolor, producen un estado de euforia y estimulan la secreción de endorfinas.


Son estupendas.


Nos ponen en contacto con recuerdos que habíamos rechazado y que estaban en el fondo de nosotros mismos, emociones fuertes, traumas olvidados, de manera que nos permiten limpiar o unificar esa memoria.


¿La meditación modifica el cerebro a largo plazo?


Sí, lo transforma. Cómo te ves, cómo ves a los demás, cómo te relacionas, todo eso cambia con la meditación. Investigaciones recientes demuestran que las personas que meditan tienen más gruesa la capa de la corteza cerebral. Otro estudio demuestra que los meditadores viven más años.


Meditar eleva las defensas.


Cuando baja el estrés, baja el cortisol y se eleva el sistema inmune, sí, y afecta también a una serie de sustancias que controlan las células tumorales. Afecta al sistema inmune, anticancerígeno y al corazón.


... Y todo eso sin incienso y sin estatuillas de Buda.


El método ACEM se enfoca en un sonido que repites internamente y que no tiene ningún significado, y no concentras la atención en ningún punto, sino que dejas pasar los pensamientos. Se trata de no intentar conseguir relajarse: el cerebro lo hace sin pretenderlo, como un reflejo, no como una meta.


Si no te concentras y dejas pasar las ideas, ¿cómo resuelves?


La relajación permite que temas personales no resueltos afloren a la conciencia; entonces puedes resolverlos, pero no de una forma intelectual, sino a través de la actitud, que te hace ver las cosas de manera diferente. La meditación permite que cierta cantidad de creatividad se manifieste.


¿Qué más cambios produce?


Es posible que se manifiesten partes de ti que nunca antes has utilizado, que has descartado por las elecciones de la vida.


Se parece al psicoanálisis.


Sí, existen muchas similitudes entre el psicoanálisis y la meditación; la diferencia es que en el psicoanálisis hablas.


Dicen que la palabra cura, pero en el caso de la meditación...


La meditación actúa en niveles más profundos, en lo preconceptual. En el psicoanálisis puedes hablar durante horas y no cambiar nada, pero cuando consigue adentrarse en capas profundas conecta con la meditación y llega al mismo punto.


¿Me está diciendo que la meditación es el psicoanálisis de los pobres?


Está mas disponible para todo el mundo, incluso para quien está muy ocupado.


¿Con qué frecuencia se debe practicar?


Con treinta minutos dos veces al día consigues cambios de la personalidad.

31 de marzo de 2010

"Cuidar a una persona es como cuidar a todo el mundo"

Abraham Verghese, médico y escritor
"Cuidar a una persona es como cuidar a todo el mundo"
IMA SANCHÍS  - 31/03/2010
Bendita vocación
"No hay nada más romántico ni apasionante que ser médico", dice. Como paciente, me pondría en sus manos con los ojos cerrados. Verghese despide una humanidad y un respeto poco comunes. Este hombre reflexivo es autor de dos galardonados libros de memorias, The tennis partner y My own country

54 años. Nací en Adís Abeba (Etiopía) y vivo en California. Me licencié en Medicina en Etiopía e India. Casado por segunda vez, tengo tres hijos. Soy docente en la Universidad de Stanford y ejerzo la medicina. La sanidad debería ser un derecho básico. Soy cristiano

Recuerdo la primera vez que de niño entré en un hospital: me impactaron las baldosas blancas, las batas blancas, los instrumentos, el olor; me pareció un templo exótico.

Etiopía dejó de ser su patria.

Fue muy perturbador. El gobierno militar cerró la universidad y ordenó marcharse a todos los expatriados. Era la primera vez que oía esa palabra, tenía 21 años.

¿Era usted un médico tercermundista intentando abrirse camino en EE. UU.?

Tuve que trabajar mucho, y es irónico que la formación que me dieron en Áfricay en India, hablar y tocar al paciente, sea lo que no saben hacer en EE. UU.

Se le conoce por saber leer el cuerpo como si fuera un texto.

En EE. UU. no tienen fe en sí mismos para poder hacerlo, dependen demasiado de la tecnología. Los mandas a un campamento de refugiados y están perdidos sin ella. Para mí, la interacción humana es lo principal.

La medicina, ¿una vocación espiritual?

 
Eso creo, y me entristece que se lea como negocio. Yo hago una distinción muy importante entre sanar y curar. En la medicina occidental hemos olvidado la importancia de que el paciente acepte su enfermedad; lo entendí trabajando con los primeros enfermos de sida, en los años 80. Sólo podía ayudarles a que se sintieran mejor con mi presencia y mi cariño, y eso no se puede recetar.

¿Cómo se especializó en sida?

Me formé en enfermedades infecciosas por razones equivocadas: era la única rama de la medicina que siempre podía curar.

Y entonces surgió el sida.

Durante cinco años traté esa enfermedad en Tennessee y aprendí mucho de la comunidad homosexual, sobre el amor y sobre cómo ser hombre, y arraigó en mí el lado espiritual de la medicina.

Sobre cómo ser hombre, dice.

En EE. UU. muchos jóvenes asocian la violencia a la hombría. Tratando a homosexuales pude ver que ser hombre es mucho más.

¿Qué aprendió sobre el amor?

Había familias campesinas que decían: "¡Si mi hijo es gay, lo mato!", no soportaban la idea de un enfermo de sida en casa, pero cuando les ocurría, se transformaban. Fue una lección maravillosa: el amor de la familia siempre acaba superando los prejuicios.

...

Vi a tantos jóvenes morirse..., y, cuando estaban en el final, todos intentaban buscar el significado de la vida y se daban cuenta de que no residía en la apariencia, el triunfo social o el dinero, sino en el éxito de sus relaciones humanas, especialmente con sus padres. Entendí que no hay que aplazar los sueños ni buscar el significado en las cosas, sino en las relaciones humanas.

¿Se implicó mucho con los pacientes?
Empezó con un paciente al que traté tres años; llegó un momento en que no tenía sentido que siguiera yendo al hospital. Como lo echaba de menos y estaba preocupado, decidí ir a visitarlo a su caravana. A la familia y a él les impactó tanto mi visita, que les ayudó a que la muerte fuera menos dolorosa.

... Y decidió visitar a sus enfermos.

Sí, me di cuenta de la importancia de que supieran que siempre estaría allí. Creé un equipo que iba a las casas de los moribundos para estar con ellos hasta el final.

Qué sencillo y qué importante.

Incluso para las cosas más pequeñas, el subconsciente de cualquier paciente que acude a ti está diciendo: "¡Papá, mamá, ayúdame!"; y el médico contemporáneo no quiere aceptarlo. El paciente necesita un gesto, una mano en el hombro, pero hoy los pacientes se han convertido en una serie de datos en un ordenador.

Tras esos años tratando con la muerte, decidió escribir.

El director administrativo del hospital me preguntó: "¿Vamos a ver muchísimos casos de sida en los próximos años?"... "¡Claro que sí!", le dije. "¿Y si tú no estuvieras aquí, veríamos tantos?"... La gente viajaba de lejos para tratarse conmigo. Yo pensaba que estaba haciendo un gran servicio a esa comunidad, pero aquella pregunta hizo que me lo planteara de otra manera.

¿Por qué optó por las novelas?

La ficción es una gran mentira que cuenta la verdad sobre cómo vive el mundo. Por medio de la ficción quería ilustrar la verdad sobre la medicina, todo lo que odio y amo.

¿Qué odia y qué ama?

La buena medicina es la mayor expresión del amor, y la mala medicina es la que no conlleva ninguna interacción humana. Cuando cuidas a una persona es como si cuidaras a todo el mundo.

¿Para sanar has de tocar?

Examinar al paciente forma parte de un ritual importante, te ganas el derecho a tratarle. Mis manos no son como un escáner, pero puedo leer mucho con ellas, yhe comprobado que vas un día y medio por delante del médico que espera las pruebas, muchas de ellas evitables si conversas y examinas.

¿Qué más caracteriza al buen médico?
Reconocer que el instrumento más poderoso es el conocimiento de sí mismo e interactuar con la mejor ciencia. Si sólo tienes conocimientos científicos y no te conoces a ti mismo, eres un buen técnico pero no aportas ningún consuelo. No tratamos con hígados enfermos, sino con personas.

¿Qué le ha ayudado a conocerse?

Escribir. Siempre animo a mis estudiantes de Medicina a que escriban un diario
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27 de marzo de 2010

"Habla con una pared: ¡hablar solo es muy saludable!"

Luis Rojas Marcos, psiquiatra
"Habla con una pared: ¡hablar solo es muy saludable!"
VÍCTOR-M. AMELA - 26/03/2010


"No importa lo que pase: ¡importa cómo vives lo que pasa!", dijo un viejo sabio. A esa capacidad la llaman hoy resiliencia, y Rojas Marcos le dedica el manual Superar la adversidad (Espasa), pistas para asimilar mejor reveses. Una cita de Darwin lo encabeza: "No son los más fuertes de la especie los que sobreviven: sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios". Y para ello conviene autoconfianza, nacida del cariño ("yo era un desastroso estudiante... hasta que una profesora me hizo sentir que confiaba en mí", recuerda don Luis), y el escudo del humor: cuando don Luis preguntó a su madre qué prefería que hiciesen con su cuerpo al morir, ella dijo: "Dadme una sorpresa".


Tengo 66 años. Nací en Sevilla y vivo en Nueva York desde 1968. Soy médico y psiquiatra. Estoy casado y tengo cuatro hijos (de 40 a 19 años) de dos matrimonios, y un nieto (1 año). ¿Política? Social. ¿Dios? No creo, y respeto a los que creen. Afectos y autonomía dan resiliencia


Resiliencia es…
La capacidad humana de asimilar y superar adversidades graves. Deriva del latín resilire:rebotar.


¿La resiliencia nos ha llevado hasta aquí como especie?
Es un mecanismo adaptativo, sin duda.


¿Qué adversidad es la peor?
Perder a alguien muy querido. Padecer una enfermedad terminal, o un accidente traumático, o una agresión violenta... En términos generales: una ruptura fuerte.


¿Ruptura con qué?


Con tus conexiones con la vida hasta el momento. Si depositas tu identidad en tu empleo, ¡perderlo será una grave adversidad!


Y me quedaré sin sustento material.
Ya, pero adversidad grave es la que sacude tu sentido de la vida, la que te lleva al "¿tiene ahora algún sentido seguir viviendo?".


¿O resiliente o suicida?


Sí. Aunque habrá también quien siga vivo sin vivir, pasivo. O con hábitos autodestructivos, que es otro modo de suicidio.


Deme tres ejemplos de resilientes.
Joseph (54 años) superó un cáncer de páncreas. Hoy se le ha reproducido, le afecta ya a los huesos. ¡Yo hubiese tirado ya la toalla! Él sigue activo, relacionado, sin hundirse.


Otro.
Rose (44 años), de clase media-alta: desde los 5 años su tío abusó de ella sexualmente. Eso le ha dificultado confiar en los demás, relacionarse... Pese a todo, ha sabido sobreponerse y cultiva la confianza.


Y tres.
Marie ha visto morir de leucemia a su único hijo (23 años), que ella crió como madre soltera. Hoy me dice que ese trauma la ha hecho sabia, que hoy sabe qué es esencial y qué es superfluo. A este fenómeno le llamo crecimiento postraumáutico.


¿Aprender de la desgracia?
La mayoría preferiría no haber vivido ese sufrimiento, pero a la vez te confesarán que eso los ha hecho mejores…


Un tetrapléjico me dijo que no cambiaba su vida por la anterior al accidente...
Estudios con personas que han sufrido una grave adversidad revelan que su grado de felicidad presente es casi idéntico al que tenían antes del suceso. Se observa lo mismo entre gemelos idénticos.


En tal caso, la resiliencia podría ser una aptitud genética.
Tiene una base genética, seguro. Pero interfieren después factores ambientales.


¿Cuáles?
Dos, fundamentalmente: uno, el grado de conexiones afectivas; y dos, el grado de autonomía personal.


Repasemos: uno, conexiones afectivas.
Se trata de haber recibido afecto y tener una red de amigos. ¡Cultívelos! Si tienes con quien hablar y compartir, ¡estás salvado!


¿Sí? ¿Basta con hablar?
Sí: cuando me abandonó mi primera mujer, yo caí en una depresión. Y hablar con un amigo me salvó.


¿Ha sido esa ruptura conyugal la mayor adversidad de su vida?
Sí..., hasta que estuve a punto de morir en el 11-S, donde desaparecieron varios conocidos míos, como el mismo jefe de bomberos... Lo superé también hablando con amigos...


Necesitamos ser escuchados.
Es algo aún más elemental: hablar supone objetivar verbalmente las emociones, empaquetarlas en palabras, sacarlas de ti, alejarlas..., y eso va diluyendo el conflicto emocional. Incluso hablar con tu perro, tu gato...


¿Y si no tengo ni un amigo, ni un perro ni un gato?
Háblate a ti mismo al espejo.


...
¡Sí, sí...! O con la pared. Habla con una pared. ¡Habla! Que sí, que eso te aliviará: ¡hablar solo es muy saludable!


Le creo, pero mejor cultivaré amigos. Dos: autonomía personal, me decía...
Un científico, Sanderson, hizo un experimento ilustrativo: reclutó a personas que se ahogan ante el CO y les hizo respirar aire 2 por un tubo, inyectando crecientes dosis de CO ..., pero haciendo creer a la mitad de


2 ellos que girando una llave podían minimizar la dosis. Eso era mentira, ¡pero el 75% de estos permanecieron tranquilos..., mientras que el resto padecía accesos de pánico!


Conclusión.
Sentir que dominas las riendas de tu vida te da poder sobre tus circunstancias.


Sabiendo todo esto, ¿cómo puedo aplicármelo para fortalecer mi resiliencia?
Uno, cultiva tus relaciones afectivas. Dos, narra lo que te pasa, cuenta tu historia. Tres, intenta pensar que tienes poder sobre tus circunstancias, y así minimízalas. ¡Crecerás en autoestima y autocontrol! Serás más resiliente: alejarás la infelicidad.


¿Quiénes son más resilientes en general, los hombres o las mujeres?
Aunque nacen más hombres que mujeres, acaban sobreviviendo más mujeres que hombres... Es un dato.


Si le pregunto: "Vivir, ¿para qué?", ¿qué me responde, doctor?
Dímelo tú. Si tú no encuentras motivo alguno para vivir, ¡nada puedo hacer yo! Pero siempre suele salir algo ínfimo: ver salir el sol, ver un partido... Y tirando de ese hilo, de lo que se esconde detrás de eso, encontraremos las conexiones con la vida...


¿Cuál es su motivo para vivir, doctor?
¡Tengo tantos, felizmente...! Pero si me obligas a quedarme sólo con uno, te diré uno: "Ya que estoy aquí..., ¡aprovecho!".

20 de marzo de 2010

Paisajes Internos - Ashana- Inner Landscapes

Navegando encontre esta cantante y sanadora ASHANA
Trabaja con cuencos de cuarzo y su voz ademas de otros instrumentos.

Encontre este video. Espero lo disfruten




19 de marzo de 2010

LA VERDAD TRAS EL ESPEJO

Me habia llegado hace tiempo y ha vuelto a aparecer en buen momento. Que lo disfruten.

El cambio (The Shift) Wayne Dyer

Creo que muchos de nosotros hemos leído algo de Wayne Dyer: Tus Zonas Erróneas, El Cielo es el Limite, El Poder de la Intención, etc. 

Creo que es uno de los "maestros" en el tema de auto-ayuda. Con su fortalezas y debilidades: para mi sus libros terminaron siendo una repetición "haz esto y seras feliz". Como si la felicidad fuera la misma para todos y con una formula farmacéutica.

Un poco me resistía a ver otra película de él. La recomendaciones de amigos y que fuera del mismo director de "Usted Puede Sanar Su Vida" me llevo a verla.
La idea de una entrevista a Dyer con gente reticente a sus enseñanzas entrelazada con historias de personajes que suceden en el mismo lugar de la filmación tiene una dinámica atractiva.

Además, me gusto porque no es el típico "haz esto o aquello para ser feliz", sino que habla de encontrar "la canción que uno lleva en su interior", de encontrar la "sintonía de uno con el fluir de la vida".
Se enfoca en una visión, tal vez, mas taoista (cita mucho a Lao-Tse). Habla de como nos pasamos corriendo en pos de objetivos (dinero, fama, familia, etc.) olvidándonos de "ser".
La recomiendo. Es para verla más de una vez.