23 de mayo de 2011
21 de mayo de 2011
"Una mentira no se vuelve verdad porque todos la crean"
Richard Mason, escribió un superventas a los 19 años y publica 'Una habitación iluminada'
Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
Por LLUÍS AMIGUET
Tengo 33 años, pero triunfé a los 19, así que ya he cometido las idioteces de la fama. Aunque tengo pasaporte sudafricano, en la escuela antiapartheid de mi madre aprendí que la humanidad es la única nación que no te empequeñece. Hay que hacer política: o la haces o te la hacen .
'Bipolar 2'
“Mi diagnóstico es bipolar 2: para mí no es una enfermedad, es un modo de ser que me permite vivir con una intensidad que muchos no conocerán: uno de mis escolares saca matrícula y me da un subidón; un minuto después mi editor polaco pospone mi libro... Y me hundo. Le dije al psiquiatra que quería suicidarme y respondió: “Lógico, cualquiera que sintiera lo que usted querría matarse, pero aprenderá a controlarse”. Así descubrí un pensamiento poderoso: la libertad. Si tengo esta vida –pienso–, es porque la he elegido; podría ser contable de 8 a 3, pero decidí ser escritor. Cuando estoy mal, recuerdo que me lo he buscado y saboreo la libertad de equivocarme y poder acertar la próxima vez.
La vida es un caos, por eso tendemos a crear una burbuja a nuestro alrededor para dar sentido a las cosas: yo vivía en mi burbuja en Sudáfrica... cuando era niño.
¿Cómo era su burbuja?
Estaba en la África árida, pero en mi burbuja estaban los paisajes verdes y brumosos de la campiña inglesa y en mi colegio colonial hablábamos con el acento de la reina.
¿Y en sus horas de recreo?
Leíamos a Enid Blyton y jugábamos a rugby y a cricket... mientras ardía Soweto.
¿Salió de su burbuja entonces?
Gracias a mis padres, que vivían en el mundo, y eran activistas antiapartheid. Cuando estallaron los disturbios, las madres del Soweto arrasado por la violencia o iban a trabajar y abandonaban a sus hijos o se quedaban a protegerlos y perdían el empleo.
¿Qué hicieron sus padres?
Abrieron una escuela ilegal multirracial en casa para cuidar a esos niños mientras sus madres iban a trabajar. Pero la Special Branch (policía secreta) se presentó y un policía afrikáner gigantesco conminó a mi madre a echar a todos los niños negros...
¡Qué miedo tenían a la educación!
Mi madre se encaró con el policía y le preguntó si el abecedario le parecía peligroso...
Buena pregunta.
Como mis padres eran conocidos internacionalmente, el régimen no se atrevía a detenerlos, pero los vigilaba. Mi madre a veces perdía los nervios y echaba unas broncas tremendas a los secretas que nos seguían.
Veo que salió usted de la burbuja.
Mis amiguitos se horrorizaban porque yo era antiapartheid, pero mis padres me enseñaron que una mentira no se vuelve verdad porque todos la crean: pensar como todos es más cómodo, pero no más acertado.
Demócrata es lo opuesto a borrego.
No es adoptar las ideas de la mayoría, sino que todos respeten las de todos. Me peleé con mis amiguitos hasta que fuimos a Inglaterra y yo a Eton, Oxford...
Tiene acento oxbridge impecable.
Hablo como un inglés, pero en aquella escuela prohibida de mamá ya había descubierto que la única nación que no te empequeñece es la de todos los seres humanos.
¿Qué le enseñó Inglaterra?
Que mi burbuja existía: iglesias milenarias de baldosas borradas por millones de pasos.
El peso de la historia.
Lo noté. Una conversación no es igual a la luz de candelabros forjados hace cinco siglos: ¿qué amores, locuras, pasiones, asesinatos habrán alumbrado...? El historiador puede averiguar y contar la historia, pero sólo el novelista logra que el lector viva vidas pasadas como si fueran la suya propia.
Usted escribió un superventas a los 19.
En Sudáfrica, cuando nos juntamos dos, contamos historias en cuatro lenguas, y si somos veinte, las historias brotan con una fuerza que las hace sonar como nuevas. Yo hago lo mismo: no escribo novelas, esculpo mis historias siempre a mano.
¿Encajó bien el éxito antes de los 20?
Los adolescentes sueñan en la última fila de la clase con ser el número uno: yo también soñaba con ser famoso y firmar libros... Pero a mí me sucedió. ¡Lo hice!
¿Y...?
La fama es como el azúcar, la primera cucharada sabe a gloria y sigues tomando para lograr repetirla hasta que la décima te hace vomitar. The drowning people fue traducido a 20 idiomas y vendí tres millones de libros. No gané tanto dinero como soñaba, pero sí mucho más del que necesitaba...
Pocas necesidades son necesarias.
Yo hice el idiota hasta que recordé la escuela de mi madre y decidí enviar a cuatro niños sudafricanos a un buen colegio. El apartheid legal ha acabado, pero los niños negros aún no pueden ir a los buenos colegios blancos.
Fue una gran idea.
Con lo que cuesta un súeter de cachemir –uno bueno– pagas un año de colegio a un niño. Nuestra cultura se empeña en convencerte de que cuantos más suéteres y más caros tengas, mejor te vas a sentir, pero ser niño prodigio famoso me sirvió para descubrir aún joven que eso es falso.
Hoteles exclusivos, gente guapa...
Lo mejor es que todos te escuchan como si tuvieras algo que decir, aunque sólo sueltes chorradas. Fui portada del Vanity Fair un mes, pero duró mucho más –aún dura– la alegría de graduar a mis escolares. Si pones tu fama a trabajar para los demás, la energía permanece, pero si la dejas en puro ego... Se disuelve como el azúcar.
...
Por eso transformé esa energía en la Fundación Kay Mason, el nombre de mi hermana, que se suicidó joven.
A usted ahora le veo entusiasta.
Es que el jueves dormí todo el día... Estaba demasiado subido...
¿...?
Evito las depresiones de mi ciclo controlando la euforia de los subidones y no sólo la depresión de las bajadas.
Buena táctica.
Ya sabrá que tengo un desorden bipolar, el diagnóstico exacto es bipolar 2.
Lo siento.
No lo sienta. Yo lo siento, pero no lo sufro. No lo considero una enfermedad ni un trastorno, sino simplemente un modo de ser, una parte de mi personalidad. Y me permite vivir con una intensidad que otras personas jamás experimentarán.
No lo sienta. Yo lo siento, pero no lo sufro. No lo considero una enfermedad ni un trastorno, sino simplemente un modo de ser, una parte de mi personalidad. Y me permite vivir con una intensidad que otras personas jamás experimentarán.
19 de mayo de 2011
14 de mayo de 2011
"Sonreír es la mejor manera de estar en el mundo" Jesús Martínez Bueno
Jesús Martínez Bueno, marino mercante, abogado y monje zen
Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
Tengo 88 años. Engendrado en Murcia y crecido en Barcelona.Capitán de la Marina Mercante, licenciado en Derecho y criminólogo. Casado desde hace 60 años, dos hijos y seis nietos. Soy ciudadano del mundo y esa es mi política; y budista zen, intento ser feliz en esta tierra.
11/05/2011 - 23:48
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Maestro de felicidad
En la casa de los Martínez hay estatuas de Buda y también cristos y santos que conviven en armonía, como el monje zen y su católica esposa. Hace 30 años el maestro Deshimaru inauguró el Dojo Nalanda, en la calle Montcada, y ordenó a Jesús monje responsable del centro donde se imparte budismo Soto Zen. Cuando este capitán de la Marina Mercante decidió fondear, hubo de buscarse una nueva profesión, y mientras trabajaba de administrativo se licenció en Derecho, profesión de la que ha vivido hasta jubilarse. Pero pasados los 50, descubrió su particular camino a la felicidad (fundó la Unión Budista de Europa y hoy es su patrón). Su paz, humor y humildad convierten al hombre en maestro.
¿Por qué marino?
Porque cuando estalló la Guerra Civil tenía 14 años, y si me movilizaban prefería el mar.
Pero no le movilizaron.
No, pero cuando estalló la Segunda Guerra Mundial estaba embarcado en uno de los dos únicos navíos que hacían la línea de Filadelfia a Sevilla. Por suerte, me tocó el que no fue torpedeado.
Quince años navegando.
El mar te da un sentimiento de unidad. Allí entendí lo que es ser ciudadano del mundo. El mar da mucho; y sustos también: el periscopio de los alemanes, las minas, los tornados... Mi vida ha peligrado muchas veces.
¿Y?
La muerte existe, pero uno se olvida de que se tiene que morir y permite que la vida le angustie. Buda le dijo a los Kalamas: No creáis a nadie; escuchad, y si lo que dicen está de acuerdo con vuestra razón y creéis que puede ser útil a vosotros y a todos los seres vivientes, aceptadlo; si no es así, rechazadlo.
¿Qué tiene que ver eso con la muerte?
La muerte no se conoce y es mejor no especular. Hay que tener la aspiración de saber y la humildad de reconocer que no sabes.
Ya.
En el mar también aprendí la tristeza de las despedidas y las alegrías del retorno. Es posible que le deba a esa sana distancia mis 60 años de matrimonio.
Pero se cansó de la distancia.
Decidí estudiar Derecho. Cuando empecé a ejercer vi que todos querían tener la razón y comprendí que tenía que ser muy honesto.
¿Ha rechazado casos?
El de los culpables. Fui tan purista que no tengo ni coche, vivo con poco.
¿Usted era católico?
Sí, y no digo que no lo sea, no me preocupa, pero los dogmas no me entran en la cabeza.
¿Cómo descubrió el budismo?
Llegó el movimiento hippy, que me era muy simpático, una manera nueva de despertar, y vinieron grandes gurús de India. A todos meacerqué, pero no me convencían los dogmas, ni la creencia en la reencarnación. Así llegué al zen, que trajo a Europa y a España el maestroTaisen Deshimaru.
Usted lo trajo a él.
Sí, hace 30 años, para inaugurar el Dojo Zen Naranda que dirijo. Descubrir el zen es lo mejor que me ha sucedido en la vida, por la tranquilidad que me ha dado, por cómo entiendo ahora el mundo y al ser humano.
¿Cómo?
Ante todo hermano. El mundo es de todos, no por el hecho de haber nacido aquí uno tiene más derechos que otro que ha nacido en otro sitio. La tierra no tiene dueño, tiene gente que se ha apropiado de ella.
Es la tendencia.
Antes representaba el budismo zen en el parlamento de las religiones, entre grandes maestros con ánimo de fraternidad, pero cada cual defendía sus intereses. Tuve la osadía de proponerles el ejercicio de reconocer que todos estamos equivocados en lo que creemos como verdadero ya que nadie tiene la capacidad de conocer la verdad. Se armó un buen barullo.
¿Qué ha sido lo más difícil?
La muerte de mi hermano con 14 años a consecuencia de la guerra, de la necesidad. Mi madre le dijo: “Piensa en la Virgen”. “La estoy viendo”, dijo mi hermano, y así murió. ¿Qué vio?... Vivo con esa duda.
¿Es usted de los que piensan que ningún tiempo pasado fue mejor?
Creo que la evolución es permanente, una ley que desconocemos, y que debemos regirnos por otra manera de pensar, y que ese cambio está a la vuelta de la esquina.
¿Dónde ha encontrado la alegría?
En vivir, llevo mucho tiempo agradeciendo al sol su calor.
¿Qué aconsejaría a la gente joven?
Que piensen, que razonen, que tengan siempre en cuenta que todo lo que hacemos produce un efecto.
Pasarse dos horas meditando de cara a la pared ¿qué sentido tiene?
Cuando buscas el sentido de las cosas te equivocas. No tienes que buscar sentido, sino experiencia. Y cuanto más quieras conseguirlo, más lejos se irá el objetivo. Las cosas no tienen un propósito, son. El que medita para encontrar no encuentra nada. El que medita para percibir... ¿quién sabe?
¿...?
Nosotros practicamos tiro con arco y no tenemos blanco porque no hay nada a donde apuntar. La diana es tu propio corazón.
¿Qué es para usted un maestro?
El que te enseña a ponerte los zapatos para que puedas caminar. Todos somos caminantes y el camino está debajo de tus pies.
¿Qué persigue?
Sabiduría y compasión. Yo mismo ahora estoy en una situación muy especial, porque estoy hablando con una sombra, no veo su cara, no sé si sonríe, si está triste o distraída.
Sonrío.
Esa es la mejor manera de estar en el mundo, por eso yo también sonrío aunque no sepa si usted me está mirando. Hay que saber adaptarse a las situaciones, si no, estás en permanente rebeldía, como Manolita.
¿Quién es Manolita?
Una amiga de mi mujer que tiene 90 años y está angustiadísima porque no se quiere morir. Es necesario vivir en paz.
...Y con humor.
Quien no tiene sentido del humor, no tiene sentido de vida.
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