12 de agosto de 2011

El por que de las creencias - Sam Harris





Lama Thubten Yeshe


Mientras nuestra opinión de nosotros mismos sea tan penosa; mientras mantengamos una idea restringida y limitadora de lo que somos y podemos llegar a ser; mientras nos sintamos incapacitados y sin esperanza, nuestra vida seguirá sin tener sentido.


7 de agosto de 2011

Si es tan sencillo ser feliz, ¿por qué nos resulta tan difícil?



¡Qué transitorias son nuestras vidas, qué rápido pasan, qué pronto habremos de llegar a nuestro último día! En menos de cincuenta años, yo mismo, Tenzin Gyatso, el monje budista, no seré más que un mero recuerdo. Es dudoso, desde luego, que una sola de las personas que hoy lean estas páginas esté viva dentro de un siglo. Pasa el tiempo sin que nada lo impida. Cuando cometemos errores, no podemos dar marcha atrás al reloj y probar a hacer aquello de otro modo. Tan sólo podemos emplear bien el presente. Por lo tanto, si cuando llegue nuestro último día somos capaces de volver la vista atrás y comprender que hemos llevado una vida plena, productiva, llena de sentido, al menos tendremos algún consuelo. Si tal cosa no fuera posible, seguramente nos sentiremos muy tristes. Y de nosotros depende que nos encontremos al final con una cosa o con la otra.
  • Necesidad de Compasión
La mejor manera de asegurarnos de que al llegar a la muerte lo hagamos sin remordimiento alguno consiste en preocuparnos de que en el presente nos comportemos de forma responsable y compasiva con los demás. A decir verdad, ese comportamiento obedece a nuestros intereses, y no sólo porque haya de beneficiarnos en el futuro. Tal como hemos visto, la compasión es uno de los principales factores que darán sentido a nuestra vida. Es la fuente de toda felicidad y alegría duraderas, y es el fundamento necesario para tener buen corazón, el corazón de las personas que actúan movidas por el deseo de ayudar a los demás. Por medio de la amabilidad, del afecto, de la honestidad, de la verdad y de la justicia hacia todos los demás aseguramos nuestro propio beneficio. No es éste un asunto para elaborar complicadas teorías: es un tema de elemental sentido común. Es innegable que la consideración de los demás realmente vale la pena. Es innegable que nuestra felicidad está indisolublemente unida a la felicidad de los demás. Es asimismo innegable que si la sociedad sufre, nosotros hemos de sufrir. Y también es de todo punto innegable que cuanto más afligidos se hallen nuestro corazón y nuestro espíritu por la mala voluntad, más desdichados hemos de ser. Por eso, podemos rechazar todo lo demás: la religión, la ideología y la sabiduría recibidas de nuestros antecesores, pero no podemos rehuir la necesidad de amor y de compasión.
Esta es, así las cosas, mi religión verdadera, mi sencilla fe. En este sentido, no es necesario un templo o una iglesia, una mezquita o una sinagoga; no hay necesidad ninguna de una filosofía complicada, de una doctrina o de un dogma. El templo ha de ser nuestro propio corazón, nuestro espíritu y nuestra inteligencia. El amor por los demás y el respeto por sus derechos y su dignidad, al margen de quiénes sean y de qué puedan ser es, en definitiva, lo que todos necesitamos. En la medida en que practiquemos estas verdades en nuestra vida cotidiana, poco importa que seamos cultos o incultos, que creamos en Dios o en el Buda, que seamos fieles de una religión u otra, o de ninguna en absoluto. En la medida en que tengamos compasión por los demás y nos conduzcamos con la debida contención, a partir de nuestro sentido de la responsabilidad, no cabe ninguna duda de que seremos felices.
  • Así pues, si es tan sencillo ser feliz, ¿por qué nos resulta tan difícil? 
Por desgracia, aunque la mayoría nos consideramos personas compasivas, tendemos a ignorar estas verdades que son de sentido común, o bien a olvidarlas. Nos descuidamos a la hora de hacer frente a nuestros pensamientos y emociones negativas. Al contrario del agricultor, que se pliega al paso de las estaciones y no duda en cultivar la tierra cuando llega el momento propicio, nosotros perdemos mucho tiempo en actividades que no tienen el menor sentido. Sentimos un hondo pesar por asuntos tan triviales como es perder dinero, al tiempo que nos abstenemos de hacer lo que realmente tiene importancia sin la más mínima sensación de remordimiento. En lugar de regocijarnos frente a la oportunidad que se nos puede presentar para contribuir al bienestar de los demás, nos limitamos a aprovecharnos de los placeres cada vez que nos resulta posible. Evitamos preocuparnos de los demás sobre la base de que estamos demasiado ajetreados. Corremos de un lado a otro, hacemos cálculos y llamadas telefónicas, pensamos que tal cosa sería mejor que tal otra. Hacemos una cosa, pero nos preocupa que, si se presenta otra, sería mejor hacer esa otra y no la primera. Y en todo esto, nos comprometemos solamente con los niveles más ásperos y elementales de que es capaz el espíritu de hombres y mujeres. Por si fuera poco, al no prestar atención a las necesidades de los demás, es inevitable que terminemos por perjudicarlos. Nos consideramos muy inteligentes, pero ¿de qué manera utilizamos nuestra capacidad? Con excesiva frecuencia, la empleamos para engañar a nuestros vecinos, aprovecharnos de ellos, mejorar nuestra situación a sus expensas. Y cuando las cosas no funcionan como estaba previsto, ensoberbecidos y llenos de pretensiones morales, les echamos la culpa de las dificultades que podamos tener.
Y lo cierto es que la satisfacción duradera no se puede extraer de la adquisición de ningún objeto. Poco importa cuántos amigos podamos tener, que no serán ellos quienes nos hagan felices. Y la complacencia en los placeres de la carne no es otra cosa que una puerta abierta al sufrimiento. Es como miel embadurnada en el filo de una espada bien afilada. Por supuesto, con esto no pretendo decir que debamos despreciar nuestros cuerpos. AI contrario, no podemos ser de ninguna ayuda a los demás si no tenemos cuerpo, pero debemos evitar los extremos que pueden desembocar en el perjuicio ajeno.
Al concentrarnos en lo mundano, lo que es de veras esencial se nos oculta. Por supuesto que si así pudiéramos ser felices de veras, sería absolutamente razonable vivir de ese modo, pero no es posible. En el mejor de los supuestos, podríamos pasar por la vida sin demasiados contratiempos, pero cuando nos asaltan los problemas, tal como sin duda ha de suceder tarde o temprano, estamos desprevenidos. Es, entonces, cuando descubrimos que no podemos seguir como antes. Nos sentimos desesperados e infelices.
Por lo tanto, con las manos entrelazadas, apelo a ti, lector, para que te asegures de que el resto de tu vida esté tan cargado de sentido como sea posible. Tal como espero haber dejado suficientemente claro que en este empeño no hay nada misterioso. Consiste, nada más y nada menos, que en poner en práctica la preocupación por los demás. Y si llevas a cabo esta práctica con sinceridad y perseverancia, poco a poco, paso a paso, serás capaz de reordenar tus hábitos y actitudes de modo que pienses menos en tus mezquinas preocupaciones, y más en las ajenas. Al hacerlo así, descubrirás que disfrutas de la paz y la felicidad.
Renuncia a tus envidias, olvida el deseo de triunfar por encima de los demás. Con amabilidad, con valentía, con la confianza de que al hacerlo te aseguras el éxito, acoge a los demás con una sonrisa. Sé claro y directo. Y procura ser imparcial. Trata a todo el mundo como si fuesen tus amigos íntimos. Todo esto no te lo digo en calidad de Dalai Lama, ni por ser una persona dotada de poderes especiales. No los tengo. Te hablo solamente como un ser humano; como alguien que, al igual que tú, desea ser feliz y no sufrir.
  • Inofensividad
Si por la razón que sea no logras ser de ayuda a los demás, al menos no los perjudiques. Piensa en el mundo tal como se ve desde el espacio, tan pequeño e insignificante y, sin embargo, tan bello. ¿De verdad se puede obtener algo al causar daño a los demás durante nuestra breve estancia en este mundo? ¿No es preferible, y más razonable a la vez, relajarnos y disfrutar en calma, igual que cuando visitamos un lugar distinto del lugar en que vivimos? Por lo tanto, si en pleno disfrute del mundo dispones de un momento, trata de ayudar -aunque sólo sea un poco- a los más desfavorecidos y a los que, por la razón que sea, no se bastan por sí mismos. Procura no dar la espalda a los que tienen una apariencia exterior perturbadora, a los mendigos y a los que no están bien. Trata de no considerarlos nunca inferiores a ti mismo. Si puedes, trata de no tenerte por mejor que el mendigo más humilde. Cuando estés en la tumba, serás como él.
Para terminar, quisiera compartir una breve plegaria que me sirve de gran inspiración en mi esfuerzo por beneficiar a los demás:
Ojalá sea en todo momento,
ahora y para siempre,
un protector para todos los que no tienen cobijo,
un guía para los que se han extraviado,
un barco para los que han de atravesar océanos,
un puente para los que han de cruzar los ríos,
un refugio para los que corren peligro,
una lámpara para los que no tienen luz,
una salvaguardia para los que sufren acoso
y un servidor para todos los que pasan necesidades.
  • Tomado de El Arte de Vivir en el Nuevo Milenio, Dalai Lama, Editorial Grigalbo.

Henry David Thoreau - Frases

Henry David Thoreau (Concord (Massachusetts), 12 de julio de 1817 - 6 de mayo de 1862) fue un escritor, poeta y filósofo estadounidense, de tendencia trascendentalista y origen puritano, autor de Walden y La desobediencia civil.


Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien indica, su destino.


El único modo de decir la verdad es hablar siempre con amor.


La bondad es la única inversión que nunca quiebra

27 de julio de 2011

"Nos pasamos la vida forzando a otros a amarnos" - Prem Baba

Prem Baba, psicoterapeuta y maestro espiritual realizado
IMA SANCHÍS - LA VANGUARDIA





Psicoespiritualidad
Tiene un ashram en Sao Paulo y seguidores en todo el mundo; lógico ya que sus enseñanzas buscan guiar el tránsito del sufrimiento a la alegría combinando la espiritualidad y la psicología. Profesión a la que no ha renunciado: "El autoconocimiento es el abecé de la espiritualidad". Afirma que nuestras mezquindades y maldades, que en todos hay, son fruto de experiencias de dolor infantiles que reeditamos continuamente y traspasamos, sin consciencia, a nuestros hijos. "Es uno de los focos de mi trabajo: interrumpir esa enfermedad emocional, procurar herramientas a los niños, mediante la educación, para que vivan con consciencia". Ha dado una charla en La Casa del Tíbet de Barcelona.

Usted ha tenido dos vidas. ¿Qué hacía en la primera?
Hasta el 2002 fui psicólogo. Observé que el ser humano está desesperado en busca de alivio, y comprendí que la psicología es sólo una parte del proceso, sola no puede sanar al ser humano.

Y salió a buscar...
Siempre fui un buscador. Ya de niño le preguntaba a mi madre: "Madre, ¿quién ha hecho el mundo?". "Fue Dios". "¿Y quién ha hecho a Dios?". "No pienses en eso o te volverás loco", me insistía.

No le hizo mucho caso.
No. Pase por muchas escuelas y maestros hasta que algo cambió dentro de mí.

Se convirtió en un maestro realizado, ¿qué es eso?
Cuando la búsqueda se termina, te sientes pleno y sabes quién eres. Antes quería agradar, ser alguien. Ahora me dedico a ayudar a la gente a hacer el tránsito del sufrimiento a la alegría sin ningún interés.

¿Qué es la alegría?
Contentamiento, ausencia de miedo, de sentimiento de carencia.

¿Y cómo se conquista?
Realizando un proceso de autotransformación. Estamos envueltos de capas de sufrimiento que se expresan como maldad y mezquindad. Hay que ir al fondo de uno mismo porque la alegría es una cualidad natural del ser, producto de la paz.

Dígame cómo sacudirme la maldad.
Lo primero es eliminar el juego de acusaciones, buscar en uno mismo las causas de las insatisfacciones y responsabilizarse de ellas.Hay que escuchar al yo interior porque esas capas tienen vida propia, cada una es un yo psicológico. Para ello propongo la meditación, la reflexión y la práctica del servicio desinteresado.

Pero la gente tiene hijos, hipotecas, trabajo (con suerte), y poco tiempo.
Una práctica que está al alcance de todos es poner en movimiento el amor disponible a través de actitudes generosas, compasivas, fraternales; hacer el bien no importa a quién. Y experimentará un milagro; se sorprenderá de cómo cambia su vida.

Pero somos simultáneamente generosos, egoístas, compasivos, crueles...
Hay que entender que el egoísmo y la crueldad los genera el sufrimiento, tomar conciencia de que las repeticiones negativas y destructivas de nuestra vida nacen dentro de nosotros, de esa parte nuestra comprometida con la destrucción.

¿Por qué?
Porque en algún momento de nuestra evolución nos hicimos daño, sufrimos el shock del abandono, la exclusión, el rechazo. Y nuestra manera de protegernos es a través del egoísmo, el orgullo, la vanidad... El ser humano genera su propia destrucción, y sólo podrá interrumpirla si toma conciencia.

...
Es muy común acusar al otro de nuestra infelicidad. Nos pasamos la vida forzando a otros a amarnos, a que hagan las cosas a nuestra manera, y eso sólo genera más y más sufrimiento e infelicidad, porque actuamos a partir de esa defensa, y esto es lo que yo propongo que sea transformado.

Casi nada.
Ja, ja...; es un gran desafío.

La vida trae problemas e infelicidad.
Son oportunidades. Cuando el problema se repite, hay que insistir en esa pregunta sabia. ¿Qué intenta enseñarme la vida que no consigo aprender?

La teoría nos la sabemos todos...
Yo soy la prueba de que es posible transformar la teoría en práctica.

¿Nos hacemos todos gurús?
En algún grado; por qué no, ja, ja, ja. Todos podemos iluminar el amor y el perdón.

Meditar no es garantía de nada. Está lleno de ombligos que meditan.
La meditación que más se practica es la que se focaliza en el vacío, pero hay una meditación activa, analítica, que nos permite identificar cómo saboteamos nuestra felicidad. Mire, hay preguntas fundamentales.

¿Cuáles?
¿Estás dando al mundo los regalos que has traído para dar?, ¿cómo está tu vida familiar, sexual, laboral...? Si existe insatisfacción en alguna de esas áreas, si intentas cambiar y no puedes, es porque hay algo dentro de ti que está deseando esa insatisfacción.

Somos nuestro peor enemigo, veo.
El ser humano es muy complicado. Atraemos aquello que más odiamos y tememos. El adulto guarda dentro de él heridas de su infancia, por eso repite, reedita su herida...

¿Cómo evitar esas heridas a nuestros hijos?
Debemos procurarles el máximo de amor consciente posible. Ver sus potenciales dormidos y darles fuerza para despertarlos. Pero les imponemos nuestro conocimiento invalidando su sabiduría innata porque nos creemos superiores. Ejercemos el poder. Les utilizamos para satisfacer nuestras carencias, proyectamos en ellos nuestro propio niño, mal integrado... Y la historia se repite.

Estamos llenos de buenas intenciones.
Ja, ja, ja... Pero la persona se dará cuenta de que no está siendo totalmente honesta a través del resultado que se refleja en su vida.

Usted es psicólogo, sabe que nuestra vida está controlada por el inconsciente.
Justamente lo que propongo es traer esos aspectos inconscientes a la conciencia a través de la autoinvestigación, el análisis y la meditación. Pero hay que tener coraje.

26 de julio de 2011

El tiempo es una riqueza que no supimos apreciar con la bonanza económica" - Mónica Esgueva


La autora asegura que "las necesidades que creemos básicas son un lujo en otros países"
ALBERT DOMÈNECH- La Vanguardia


La escritora presenta el libro 'Cuando sea feliz' con el que propone un nuevo mapa para alcanzar la felicidad

No se considera un ejemplo a seguir. Habla de forma serena y deja claro desde el primer momento que ella es la primera en caer en distracciones y contagiarse del estrés de la sociedad actual. Pero sí, como habrán adivinado, hay un “pero”. Mónica L. Esgueva no era feliz con la vida que llevaba (buen sueldo incluido) y decidió cambiar en buscar de una nueva vida que la llenara interiormente. Lleva estudiando filosofía budista y meditación desde hace años con grandes maestros tibetanos en India, Nepal y Tibet, y recibe regularmente enseñanzas de SS Dalai Lama al que define como “la gran inspiración de humildad y de paz en el mundo”. Esgueva empezó hace dos años a escribir el libro Cuando sea feliz en un monasterio nepalí, con la esperanza de dar a conocer un nuevo camino para dar con la felicidad, y que pasa por ser responsables de nosotros mismos, dedicarnos tiempo, esfuerzo y encontrar nuestra serenidad interior, sin depender de nada ni nadie.

-Tengo una teoría que hoy voy a compartir con usted
-Adelante
-Pienso que si ahora bajamos a la calle, y preguntamos a la gente si es feliz, difícilmente encontraríamos una respuesta plenamente positiva. ¿Qué cree que hacemos mal?
-Es difícil ser positivo en estos momentos, no voy a decir lo contrario. Tampoco creo que deba convencer a nadie de nada, no quiero convencer a la gente de que sea más positiva porque no se puede convencer a nadie de nada. O piensas que esto es bueno para ti, o da igual, no lo vas a hacer, es inútil.

-Empieza cañera. En el subtítulo del libro habla de “la verdadera felicidad”. ¿Cuál es?
-Creo que hay que hacer unas distinciones. En esta sociedad occidental tan materialista tendemos a asociar la felicidad con la satisfacción material de los bienes, de los servicios y de todo lo que queremos. Que nuestros deseos se hagan realidad, esto es lo que la gente piensa que es la felicidad, pero como esto no va a suceder nunca, nunca serás feliz. Nunca puedes tener todos tus deseos satisfechos, no es inherente a la vida humana.

-¿Qué ha aprendido usted?
-Que la felicidad tiene que ver con la serenidad interior, con estar contento de alegría, y contento con lo que tienes, es la apreciación, la gratitud, es levantarte con ilusión.

-Entiendo que la clave es la actitud cómo afrontas la vida…
-Sí, es la actitud, porque la felicidad material no es felicidad, es satisfacción de deseos. Lo que ocurre es que tal y como estamos diseñados, cuando cumples un deseo te dura muy poco la satisfacción, estás pensando en el próximo deseo.

-Somos insaciables.
-Todo es inmediato, no es para ahora, es para ayer. Si nuestro foco está en las satisfacciones materiales o de placeres, estaremos siempre a la carrera, no terminará nunca. Pero bueno, es una elección, yo no diré si está mal o bien, si quieres tomar ese camino, por lo menos sé inteligente y atente a lo que te vas a encontrar. Pero si sientes que este camino no satisface, o te dejó un vacio o una frustración, cambia.

-Cuando habla de felicidad usted se refiere a un camino, cuando hay gente que la busca, pero como meta. ¿Este es uno de los grandes errores universales en la búsqueda de este estado?
-Es una tendencia, sí, pero es que nadie nos ha enseñado a vivir. Nos han enseñado a memorizar, muy poquito a pensar, y a vivir ya no te cuento. Hacemos las cosas como buenamente nos entra por los sentidos y viendo los ejemplos de los demás, pero nadie nos explica como realmente funcionamos por dentro. Yo también era así, pensaba que sería feliz al conseguir algo, y cuando lo lograba veía que no me sentía tan bien como creía que me sentiría al llegar aquí.

-¿Cómo cambió?
-Fue un camino. Generalmente en el día a día soy feliz porque sé que estoy en el camino en el que tengo que estar, y esto a mi ya me hace feliz. No necesito conseguir nada para ser feliz. Tengo días malos, claro, como todo el mundo, pero me doy cuenta. No me tomo en serio esas cosas, empiezo a pensar en todas las cosas que tengo que agradecer, y la mente me cambia.

-Otra asignatura pendiente, controlar nuestros pensamientos.
-Sí, biológicamente estamos diseñados para lo negativo. Lo negativo eran las amenazas de las que nos teníamos que defender y hacer frente. Pero es que hoy no tenemos depredadores exteriores, con lo cual si queremos cambiar a lo positivo es un trabajo, esto no es fácil.

-Tampoco nadie nos enseña. ¿Cómo lo hacemos?
-Buscando. Hay muchos libros, mucha gente que ya habla de esto. Si uno quiere cambiar hoy puede encontrar señales, signos, rutas para saber cómo hacerlo. Pero hay que querer.

-¿Hay que entrenar nuestra mente?
-Absolutamente, no hay otro modo, porque nuestra mente lo es todo. Pero volvemos a lo mismo, estamos en una sociedad que no nos ha enseñado a entrenar la mente. Los pensamientos son como monos que pasan continuamente de una rama a otra y no se paran quietos nunca. El entrenamiento de la mente consiste en lograr que esos monos se queden tranquilos.

-¿Quién debe coger las riendas de ese entrenamiento que hoy no existe?
-Todas las áreas. Tal y como está el mundo y la sociedad no podemos esperar a que se empiece a los tres años. Si quieres y no estás contento, puedes cambiar a la edad que quieras, pero hay que empezar en los colegios a enseñar inteligencia emocional, a relajarse, a darse cuenta que somos nosotros los que pensamos nuestros pensamientos y que nosotros no somos nuestros pensamientos. También en el colegio, en la universidad, en la vida, en las empresas. En la televisión también tendrían que haber programas que enseñen esto.

-Antes de hacer todo esto solemos huir, aunque sea una huída hacia delante…
-Sí, esto es lo que está pasando, hay mucha gente que llega tarde de trabajar, está cansada, y solo tiene ganas de llegar a casa y que le dejen en paz, quiere apagar todos los problemas con la televisión, distrayéndose. El problema de todo esto es que siempre necesitas de algo externo para apaciguar tu mente, creo que esta herramienta la tendríamos que tener internamente.

-¿Meditar ha pasado a ser algo imprescindible en nuestra sociedad?
-Es muy importante, aunque sé que hay gente a la que todavía le suena muy lejano esto de meditar. Tenemos que empezar a meterla en nuestra vida y a involucrarnos con ello. Si la palabra meditación queda muy grande, yo diría relajación, silencio. Empecemos por momentos de silencio. Y con retirarse un poco de la distracción continua y encontrarse con uno mismo ya es un muy buen principio. Pienso que en el fondo nos asusta ver qué vamos a encontrar dentro de nosotros mismo, encontrarnos solos. Pero no mirar los miedos internos no significa que vayan a desaparecer. Las cosas no se van a solucionar solas, y esto empieza pequeño, pero como esperes mucho tiempo se hace una bola que termina por explotar y es cuando llegan las grandes crisis. La vida te grita, ¡despierta ya!

-Entiendo que la vida nos da señales a las que muchas veces no atendemos…
-La vida siempre avisa, nos está diciendo algo. Quizás nos está diciendo que no vamos por el buen camino, y lo hace con enfermedades psicosomáticas como el estrés, la ansiedad o la depresión. Nos joroba mucho que nos lo diga así, porque a nadie le gusta que te den una bofetada, pero cuando ocurre, si en vez de verlo como el drama de tu vida, piensas que es una oportunidad y que no estás comprendiendo el mensaje que nos están dando, la cosa cambia. Nunca es un mal momento para empezar a hacer algo diferente.

-¿Por qué cree que hay personas que ante el mismo golpe salen reforzadas y otras se hunden?
-Es lo que te cuentas, la historia que te explicas ante un obstáculo, esa dificultad. El diálogo interno es clave. ¿Te cuentas que todo te pasa a ti y que la vida es injusta? Está bien, pero el resultado ahí es que será difícil que salgas de ese pozo, porque nadie te puede sacar. Pero también te puedes contar otras cosas. “Sé que esto es una racha, tengo confianza en que esto va a cambiar, hay luz detrás del túnel, qué puedo aprender de ello, cómo puedo hacer las cosas de otro modo”.

-¿Pecamos de victimismo?
-Totalmente, y ahora mismo se lleva mucho ir presumiendo de lo mal que nos van las cosas, somos especialistas en autoamargarnos. He conocido a muchas personas que son maestras del arte de amargarse la vida, deberían dar clase. Y además veo que los que se amargan la vida les gusta amargársela a los demás. Si ataco a lo demás y les bajo el ánimo, ya no estoy solo en la amargura.

-Aunque nos jorobe debemos empezar a ser responsables de nuestras acciones, sin culpar al entorno, a los demás.
-Esto es una lección, no hay ninguna obligación. Puedes seguir exactamente como estás, no hay problema, lo que pasa es que mirarás hacia tu pasado y será tu futuro, no hay otra. Si quieres que tu futuro sea diferente a tu pasado tendrás que hacer algo de otro modo, y eso es una responsabilidad de tu vida. No puedes esperar a que nadie te salve, que es otro de nuestros mitos en esta sociedad, que alguien me salve de donde estoy, que las cosas cambien fuera y ya me encontraré bien. Hasta el próximo obstáculo.

-¿Cuándo podemos confiar en los demás?
-Por una parte hay que seguir nuestras intuiciones, conocer a las personas y llevarse por el tiempo y las circunstancias que te permiten ver los verdaderos colores de las personas.

-Dedica un apartado del libro a hablar de las sogas que nos ahogan. ¿Estas sogas son autoimpuestas o nos la impone la sociedad?
-Los obstáculos existen, pero si nosotros los fomentamos más nos ahogamos del todo. Hay que coexistir con las circunstancias difíciles y hay muchas que no podemos cambiar. Hay que poner nuestras fuerzas en lo que podemos cambiar y no en lo que no hay nada que hacer.

-Una de las que más pesan es el miedo. ¿Es un error intentar enfrentarnos a él?
-No, creo que a veces pensamos que el miedo va a desaparecer de nuestras vidas absolutamente y nos flagelamos porque sentimos miedo. Esto todavía genera más ansiedad. Hay que relajarse un poco y pensar que el miedo nos acompañará en la vida, el tema es, ten miedo y atrévete a hacerlo de todas maneras. No puedes evitar que el miedo te acongoje, pero que no te impida hacer algo, da el siguiente paso. Y poco a poco el miedo empezará a disminuir porque no dejas que aquello te frene. Cuánto más te resistes a algo, más persiste.

-La sociedad pretende fabricar un tipo de personas sin imperfecciones, sin miedo, que no sean vulnerables. 
-Las emociones negativas tienen que salir, porque son bombas de relojería que si las dejas dentro tarde o temprano explotan. Otra cosa es regocijarse en ellas y alimentarlas. Sentir emociones negativas las sentimos todos, simplemente hay que aceptarlas. Ser vulnerable es ser humano, no pasa nada. Ser vulnerable hace que puedas establecer conexiones con los otros seres humanos, sino nos movemos en la superficialidad pura y dura. Pero para eso también hay que trabajar la autoestima, y decir “a mi me da igual lo que pienses de mi”, en el fondo nadie va a pensar mal de ti porque seas vulnerable.

-¿Nos creamos demasiadas expectativas o el problema es que las expectativas que nos creamos no son realistas?
-Buena pregunta y no sé si tengo respuesta. Hay que tener mucho cuidado con las expectativas porque en general tenemos expectativas demasiado altas de todo, y siempre te llevarás una sorpresa negativa que lleva a la frustración. Y eso pasa hoy en día, la gente está muy frustrada porque no tiene lo que espera. Ahora mismo la gente está abandonando sus sueños, y hay frustración en el ambiente. Las expectativas tienen que ser más realistas pero hay que alimentar la esperanza. La ilusión y la esperanza son puertas abiertas, ábrete a la vida, la vida te traerá lo que necesites. El guión no lo escribimos nosotros.

-Incluye la muerte como uno de los pilares de la felicidad. ¿Por qué?
-La muerte es el gran tabú de nuestra sociedad y esto no nos ayuda, es el gran miedo que alimenta a los otros miedos. Lo he escrito para romper ese tabú en la medida de lo posible y para darnos cuenta de que tenemos que tener muy presente que nuestra vida es muy efímera. Si malgastamos los días en preocuparnos, criticar, quejarnos, alimentar pensamientos negativos, no cuidar a las personas que queremos, estamos perdiendo el tiempo. Vivimos como si tuviéramos un seguro de vida de 120 años, y no es así. No malgastes tu vida porque es más corta de lo que parece.

-¿Cree que en las llamadas necesidades básicas de la sociedad occidental?
-Las necesidades que nosotros creemos básicas en otros países son un lujo. Todos podemos vivir con mucho menos. ¿Cómo? A lo mejor el tiempo es una riqueza que no hemos apreciado antes, con la bonanza económica. Estábamos en el comprar para hacernos ricos rápidamente. La burbuja del ladrillo es una burbuja del vivir en el materialismo. Nadie pone en duda que necesitamos las cosas materiales para vivir, pero hay otras cosas también. Si en vez de emplear el tiempo en lamentarte por tu mala suerte, dedicas tu tiempo en hacer cosas productivas, encontrarás tu riqueza. Dedicar más tiempo a los demás. Esto parece un tópico pero no lo es, cuando ayudas a los demás no piensas en los problemas y te vuelves mucho más feliz.

-¿Qué pasa por su cabeza cuando le dicen aquello de, “con la que está cayendo, como vamos a ser felices”?
-Es una elección, y no es fácil, lo dejo muy claro. Lo único que ofrezco con este libro es un pequeño mapa con signos. Pero el que tiene que caminar eres tú. Claro que es un camino difícil, para todos. Pero también es cierto que hay gente con una actitud positiva que te sirve de ejemplo, y otros que se cavan su propia fosa.