3 de septiembre de 2011

Mis monasterios: Una visión y un enfoque nuevos - Kalu Rimpoche



Mis queridos amigos, quiero compartir con todos vosotros la visión que tengo para mis monasterios.
Desde fuera todo parece muy bonito, pero si se mira detrás de la brillante portada de la revista, la realidad es bastante diferente. De hecho, creo que hay que cambiar un montón de cosas:
Se lleva a niños de corta edad al monasterio para que sean monjes principalmente por las dificultades económicas de sus familias. No es algo que hayan elegido los niños.
Ahí reciben una educación religiosa, pero no una educación normal. Esto significa que cuando los niños crecen, si deciden marcharse del monasterio no tendrán modo de vivir una buena vida. Tengo amigos cercanos que se marcharon del monasterio cuando tenían 19 o 20 años y que ahora están fregando platos en un restaurante o conduciendo un taxi. Como carecen de formación y de educación para vivir en el mundo, lo van a pasar muy mal para tener una vida plena y feliz. Esto me parte el corazón.
También veo a los monjes jóvenes aprendiendo el Dharma sin tener ninguna experiencia directa de la vida y sin la experiencia del Dharma en la vida. Por ejemplo, yo aprendí, como muchos monjes jóvenes, que el samsara está fuera de los muros del monasterio; que quienes tienen una relación, quienes están casados, quienes trabajan y están implicados plenamente en la vida están en el samsara, mientras que quienes estábamos en el monasterio no estábamos en el samsara. Nos educan con este tipo de orgullo, este tipo de prejuicio. Algunos de estos monjes hacen luego un retiro y salen convertidos en lamas. Les invitan a Occidente a vivir y enseñar en un centro budista. Y cuando llegan, descubren que “el samsara es bello”. Entonces quieren experimentar todo lo que la vida les ofrece y con demasiada frecuencia se meten en negocios del Dharma y abusan y se aprovechan de personas inocentes. Con demasiada frecuencia usan el Dharma para encubrir y justificar su conducta personal.
Hay otras personas que crecen fuera del monasterio, reciben una educación normal y experimentan las alegrías y dificultades de la vida. Y luego, tras haber comprendido realmente que el samsara es el estado de nuestra propia mente y nuestro propio apego, deciden entrar en el monasterio y seguir un camino espiritual. Para mí este enfoque es mucho mejor.
Así que mi idea es crear una escuela para niños cuyas familias tienen dificultades económicas. Los niños recibirán tanto formación normal como religiosa. Luego, cuando cumplan 19 o 20 años, podrán decidir libremente si quieren marcharse y tener una vida personal con un trabajo y una familia, algo que podrán hacer bien, apreciando totalmente el Dharma en su vida; si quieren incorporarse a la escuela y al sistema educativo, serán bienvenidos; y si quieren entrar en el monasterio y seguir un camino espiritual, lo harán de un modo pleno y total porque será su decisión.
Para mí la clave del Dharma es darnos libertad y posibilidades. Actualmente el sistema no hace eso. Espero que este nuevo enfoque lo haga en mis monasterios y comunidades del Dharma.
Esta es mi visión. Y estoy decidido a hacerla realidad.

26 de agosto de 2011

Madre Teresa de Calcuta

No tengo tiempo para odiar, no tengo tiempo para discutir con los que no me entienden, ni preocuparme por los que no tienen que estar en mi vida pues estoy ocupado... amando a quienes me aman, hablando con quienes me entienden y agradecido con quienes les importo

23 de agosto de 2011

Documental House of Numbers - Luc Montagnier

Lamentablemente sigue saliendo información acerca de la especulación de los laboratorios.

El investigador francés Luc Montagnier, codescubridor del VIH -presunto causante del Sida-, reconoce ahora que la infección por el virus sólo es un problema grave si el sistema inmune está deprimido. Y admite que a la hora de tratar el Sida es de enorme importancia la higiene, una nutrición adecuada, el estado psicoemocional y, sobre todo, combatir el estrés oxidativo y elevar las defensas del organismo.

19 de agosto de 2011

"Las empresas no estimulan el talento, prefieren mediocres" - Pere Monràs

Ima Sanchis - La Vanguardia

Pere Monràs, oncólogo, hoy experto en economía del conocimiento.




Aprendizajes
Personaje complejo y singular, ha sabido aprender de toda circunstancia. Fue oncólogo en el hospital de Sant Pau. "El cáncer es una contradicción: mutación y transformación inapropiada, pero significa que la transformación es posible". Tras 17 años deja la práctica de la medicina para dirigir la corporación sanitaria Parc Taulí: "Las consecuencias fueron estrés permanente y una nueva separación, pero aprendí que no se trata de gestionar bien las estructuras, sino los contenidos". Y 17 años después crea Hèlix3c, que ofrece aprendizaje para activar el talento de personas y organizaciones; la Fundació Cercle per al Coneixement y Sangakoo.com, dedicado al aprendizaje colaborativo.



Tengo 66 años. Nací en Sabadell y vivo en Barcelona. Estoy casado por tercera vez y tengo dos hijos. Mi política: pequeñas acciones logran grandes transformaciones. Soy agnóstico, pero abierto espiritualmente: si no creo no veré. Hay que entregarse al flujo de la vida.





Triple salto mortal?
Fui evolucionando. Primero fui médico de pacientes (17 años), luego médico de sistemas hospitalarios (17 años director de una corporación con dos mil trabajadores), y ahora soy médico de lo social, de la empresa.


¿Y cómo cura?
A través de la economía del conocimiento, que se basa, no en la tecnología, sino en el talento de las personas.


¿Haberlo lo hay?
Sí, lo que pasa es que el talento da miedo. Al que tiene mucho, o se le tiene bien cogido u ojo que nos puede crear problemas. Las organizaciones no estimulan ni se apoyan en el talento, en general prefieren mediocres.


Es consustancial al poder temer que el subordinado lo supere.
Estamos en la decadencia de esta sociedad, o viene el abismo o la regeneración democrática radical: encontrar aspectos de cambio, una sociedad de actores con conciencia crítica y no de espectadores.


¿Y cuál es su medicina?
Creatividad, compartir y conectividad como retos del cambio. El nosotros es más inteligente que el yo.


¿Qué le llevó hasta ahí?
Un deseo enorme de experimentar y de sentir en un entorno ofuscado, cerrado, de condiciones, rutina, liturgias. Fue una contradicción creciente hasta mi adolescencia.


¿Una familia reaccionaria?
Sí, de financieros y empresarios, pero yo tenía otras inquietudes: la voluntad de servir, por eso decidí ser médico. Y porque tenía un hermano esquizofrénico que a los 14 años (yo tenía 10) hizo el primer brote.


¿Cómo le afectó?
Por suerte me hizo reflexionar, porque creo que tenemos mucha actividad y poca reflexión, y tan importante es hacer como entender lo que hacemos.


...
Y también me sirvió, cuando ya era médico, en centrarme más en el paciente, su manera de ser y su entorno, que en la enfermedad.


¿Y personalmente qué descubrió?
Que la pregunta es la base, y que cualquier circunstancia es un buen motivo para preguntarse para qué en lugar de por qué. El para qué te lleva al cómo lo hago, y en el cómo está el proceso de transformación.


También fue activista político.
Era el Mayo del 68, empecé a cogerle el gusto al transgredir como elemento de aprendizaje, evidentemente eso me distanció de mi entorno convencional y se despertó en mí el pensamiento no convencional.


¿Qué es eso?
Tener siempre presente el por qué no. En lugar de mirar las cosas que pasan y preguntarse por qué, imaginar lo que podría ser y preguntarse por qué no.


Actividad frenética la suya.
Sí, que no te lleva a ningún sitio si no la reflexionas. Yo en aquella época buscaba y lo hacía a través de la actividad. Descubrí que la cuestión no era buscarse sino crearse.


¿Crearse?
Todos tenemos patrones de comportamiento. Hay que entender la plasticidad cerebral y encontrar la manera de modificar esos canales neuronales que a menudo nos hacen responder a las situaciones de forma inadecuada, siempre la misma, y encontrar esas cualidades que creíamos que no poseíamos.


Adaptarse es la gran alquimia.
En esta crisis lo que más se oye es "ya pasará". Pero no pasará, la realidad ha cambiado. Ahora toca ir en rafting por el río tormentoso, es un error bajarlo en balsa. Nos estresamos porque estamos usando criterios antiguos. Las condiciones no requieren planificación, sino improvisación planificada.


¿La improvisación se planifica?
Hay que estar muy preparado para cualquier cosa que venga. Pániker decía ya no es tiempo de preparar presentaciones sino de preparar a los presentadores.


¿Cómo educar esa improvisación?
Yo he aprendido mucho de situaciones límite a través de los pacientes terminales. Se muere como se vive. Si tú asumes las cosas puedes morir en paz. Como médico puedes esconderte detrás del fonendo o aprovechar esa situación para entrar a fondo en la comunicación con el paciente, lo que te enriquece mucho, porque el proceso de morir del otro es el proceso de tu muerte.


¿Y?
Que lo importante son los intangibles, lo que no se ve, que las relaciones de intercambio que se producen entre las personas tengan calidad para que se dé la conectividad máxima, la empatía. Y tener siempre en cuenta que el error es lo que te forma.


... Y te humaniza.
Tenemos que combinar el orden y el desorden, aceptar que la moneda tiene cara y cruz, pero en nuestra sociedad tendemos al pensamiento simple, es decir: a tal acción, tal reacción. Debemos aceptar la complejidad. Me preocupa el reduccionismo.


Pues está muy extendido.
Si no piensas desde el cálculo, el dinero, nadie te escucha, pero desde el cálculo nadie piensa. En cambio si trabajas primero las ideas –el cálculo ya lo haremos después–, puede que haya tanto entusiasmo que se levanten recursos donde menos esperas.


Quien no arriesga no gana, dicen.
El pensamiento económico hegemónico está matando la capacidad de superar los problemas de la sociedad moderna. Falta pensamiento, buenos intelectuales.

12 de agosto de 2011

El por que de las creencias - Sam Harris





Lama Thubten Yeshe


Mientras nuestra opinión de nosotros mismos sea tan penosa; mientras mantengamos una idea restringida y limitadora de lo que somos y podemos llegar a ser; mientras nos sintamos incapacitados y sin esperanza, nuestra vida seguirá sin tener sentido.