3 de julio de 2014

Campaña para publicar Camino de Santiago, camino del corazón


Hola!!!

por fin llego la hora de intentar publicar en papel mi libro “Camino de Santiago, camino del corazón. Cartas para peregrinos”.

Ha llevado tiempo y dinero llegar a este punto. Ahora necesito el empujón final.
Por eso solicito tu ayuda en la campaña que he emprendido en Verkami.

http://vkm.is/caminodesantiago

He puesto un objetivo mínimo de 700 euros para cubrir los gastos de diseño e impresión.

Sino llego al total solicitado en los próximos 40 días no se harán los débitos y por lo tanto se cancelará.

Toda colaboración es bienvenida, tanto económica como de difusión del proyecto.

gracias!!!

Un abrazo

Pablo

23 de junio de 2014

George Orwell



Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano

MÁS FLEXIBLES, MÁS FELICES. Jenny Moix.


El País 22/05/11

No seamos rígidos, ni con los demás ni con nosotros mismos. Dejemos fluir las cosas. No lo veamos todo blanco o negro, sino con matices. Es el camino para sentirnos más a gusto.
"Con los matices no nos sentimos cómodos. Siempre elegimos las certezas. ¿Salir de dudas? Lo sabio es ¡salir de certezas!" 
"¿Por qué creemos siempre que nuestro pensamiento es más certero que el del otro? ¡Es ridículo! El primer paso es el respeto"
Cada día tres veces. No podía dejar de hacerlo. Tenía que nadar en el mar, fuera verano o invierno. Cecilia me explicaba su esclavitud a este ritual con la cara rígida. Tan rígida como su creencia de que si no lo hacía no estaba pura. En su pueblo costero era conocida por este severo protocolo marino, e incluso la tele local la había entrevistado por ello. El nombre es inventado, pero el caso es real. Se puede etiquetar de trastorno obsesivo-compulsivo.
La gran mayoría de personas que sufren trastornos psicológicos comparten una característica: la rigidez de sus ideas. Y los que no tenemos la etiqueta de alguna psicopatología colgando no solemos ser tan exageradamente rígidos, pero sí mucho más de lo que nos pensamos.
Unos años atrás me invitaron a pronunciar una conferencia sobre felicidad. Quería estructurar la conferencia alrededor de un concepto clave, de lo que era esencial para ser feliz. ¿Salud?, ¿dinero?, ¿amor?, ¿optimismo?... un aluvión de letras escritas sobre estos conceptos que no me acababan de convencer, hasta que llegué a una idea que era la que buscaba: "la flexibilidad". Imposible ser feliz si no eres flexible. Y esa idea fue el germen que me llevó a escribir mi libro Felicidad flexible (Aguilar).

NUESTROS ESQUEMAS MENTALES
"Tienes toda la razón... desde tu punto de vista" (Paul Watzlawick)
Todo nuestro cuerpo experimenta siempre la intensa sensación de que tenemos razón, y así suele ser... desde nuestro punto de vista. Y por eso intentamos imponer a los demás nuestras ideas, a veces con una furia desbordante. 
Muchos libros llevan por título frases del tipo "cómo convencer a los demás", pero no existe ninguno que se titule "cómo ser convencido". Lo encontraríamos ridículo... ¿Para qué nos vamos a dejar convencer si son los otros los que están equivocados?En realidad, lo absurdo es defender a capa y espada nuestras convicciones. 
Tenemos que ser muy conscientes de cinco características que poseen nuestras certezas y veremos lo patético que a veces suele ser nuestro férreo convencimiento. 
Nuestros esquemas mentales son:
1. Relativos. Lo que pensamos depende, por ejemplo, de nuestro lugar de nacimiento. Las religiones son un claro ejemplo. Así, al defender nuestra fe, a veces incluso con bombas, en el fondo es como si estuviéramos defendiendo que nuestro lugar de nacimiento es el correcto. ¡Cuánta sangre se ha derramado dentro de este saco ilógico!
2. Rígidos. Pensamos en blanco y negro. En los cuentos infantiles encontramos los malos y los buenos. Y crecemos y en el fondo seguimos pensado así. Una señora de unos 80 años me comentaba respecto a la guerra entre palestinos e israelíes: "Yo ya me he perdido, ¿quiénes son los buenos?". Claro que tenemos la capacidad de matizar, pero a nuestro cerebro le encantan las cosas claras y ordenadas. Los matices nos impiden encasillar, y con todo desordenado nuestras neuronas no se encuentran tan cómodas. La duda es lo que menos soportan, porque es el principal obstáculo para poner orden. Así que siempre elegimos las certezas. ¿Salir de dudas? Lo sabio es ¡salir de certezas!.
3. Limitados. La especie humana suele ser bastante prepotente porque no somos capaces de ver la limitación de nuestro propio cerebro. Nuestras neuronas no pueden entender algo que no hayan visto antes. ¿Acaso alguien puede lograr imaginarse que antes del Big Bang no existía ni el espacio ni el tiempo?. ¿Alguien puede entender, como afirma la física cuántica, que las partículas pequeñas no están ni aquí ni allí, sino que solo se concretan en un espacio cuando las miramos?. Como muy irónica y acertadamente declaraba el premio Nobel Niels Bohr, "si alguien no se queda confundido con la física cuántica es porque no la entiende".
4. Invisibles. Un cuadrado blanco no se puede ver encima de un fondo blanco. Muchos de nuestros valores y creencias, como son compartidos con el resto de individuos de la sociedad, tampoco son visibles. Solemos tener como un huequecito dentro; siempre notamos que nos falta algo, y eso que nos falta creemos que está en el futuro y por eso corremos tanto para llegar a él. Esta creencia es compartida por la mayoría. Imaginemos una sociedad donde se viviera más que el presente y no estuviéramos tan encarados al futuro, donde la gente anduviera tranquilamente por las calles. Si entre esta calma apareciera uno de nosotros con el motorcillo que llevamos dentro, esa persona destacaría. Probablemente al ser su comportamiento diferente al resto se plantearía si está actuando bien. No revisamos nuestras creencias por la sencilla razón de que a veces son invisibles.
5. Blindadas. El caso de los Reyes Magos es una creencia hermosamente blindada. Cuando los adultos metemos la pata mil veces ante los niños, cuando se nos escapa, por ejemplo, que hemos ido a comprar los regalos, ¡no suele pasar nada! Les encaja tan poco lo que decimos con sus creencias que ni lo procesan. Cuando una persona confía en su pareja y esta le es infiel, suele ser la última en enterarse; como todas las posibles pistas no encajan en sus creencias, caen en saco roto. Cuando esas creencias se rompen, es cuando decimos que se nos ha caído la venda de los ojos.
Los tozudos siempre suelen ser los demás. Los vemos siempre más rígidos e inflexibles que nosotros. Claro que no es así. Para comprobar nuestras propias rigideces basta con pensar de cuántas formas podríamos acabar esta frase: "A mí no me podrían convencer de...". Por ejemplo: de que Dios existe, de que mi partido político no es el mejor, de que mi objetivo no es el que me conviene... Juguemos con esta frase un rato y nos sorprenderemos de con cuántas inquebrantables certezas vivimos.

COMPRENSIVO CON UNO MISMO
"La batalla más difícil la tengo todos los días conmigo mismo" (Napoleón)
Supongamos que existiera un ser "organizador de vidas" y nos propusiera el siguiente trato: "Te puedo dar un solo tipo de flexibilidad: o bien puedo otorgarte la oportunidad de que las circunstancias que te rodean sean más cómodas, pero tú seguirás siendo igual de exigente contigo mismo, o bien te regalaré flexibilidad en tus autoexigencias, te sabrás tratar mejor a ti mismo, aunque tu situación exterior seguirá igual". ¿Qué elegiríamos? Pensémoslo bien.

Si aprendiéramos a ver las situaciones de diferentes formas, si supiéramos reforzarnos a nosotros mismos, perdonarnos, rebajar nuestras autoexigencias, no culpabilizarnos, las situaciones externas de rebote nos parecerían muy diferentes, no nos afectarían tanto
. Incluso de agobiantes pasarían a ser cómodas. En cambio, si nos modificaran lo externo, pero continuáramos igual de rígidos, ¿notaríamos mucho avance en nuestras vidas?.
Nuestro jefe son esas creencias: rígidas, relativas, invisibles, limitadas y blindadas. No son muy buenas características para un jefe. Es urgente que consigamos un director más flexible.

TOLERANTES CON LOS DEMÁS
"Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar". (André Malraux)
Qué complicado resulta entendernos los unos con los otros. Y es que somos como armaduras de certezas chocando entre nosotros. Cada uno tenemos nuestra verdad, que nunca acaba de encajar con la de los demás. ¿Por qué creemos siempre que nuestro pensamiento es más certero que el del otro?. ¡Es ridículo!. Y el primer paso para que funcione este complejo engranaje en el que estamos metidos es el respeto.
Las palabras de Rafael Navarrete, un sabio filósofo, no lo podrían expresar con mayor claridad: "Cada uno ve el mundo y la vida desde un repliegue de la gran verdad que nadie puede pronunciar. A partir de ese descubrimiento, el hombre sabio emprende su camino. Sabe muy bien que solo podrá sentirse feliz si es fiel a la luz que él ha descubierto... A veces encuentra a otros hombres sabios que recorren otros caminos; al cruzarse se saludan y se respetan porque todos saben que son muchos los senderos".
Ser flexible con los demás no significa ser sumisos ni doblegarnos. Significa, de entrada, respetarnos. Y a partir de aquí, a veces, llegar a entendernos.

FLEXIBILIDAD CON LA VIDA
"Esto no es un ensayo general, señores. Esto es la vida".(Oscar Wilde)
El ideal, lo que se espera de nosotros, suele ser: que encontremos un trabajo estable (que nos guste mucho o no, no es tan importante), que nos entreguemos a él totalmente (si somos hombres, esa exigencia es más fuerte; si somos mujeres, no queda tan mal que el trabajo esté en un segundo lugar porque primero hemos de cuidar a nuestra prole), que encontremos una pareja y nos casemos, que tengamos hijos (y que nos volquemos en cuerpo y alma con ellos, sobre todo si somos mujeres, olvidándonos de nuestras propias necesidades e ilusiones), y además de todo esto está claro que hemos de estar delgados, hemos de hacer ejercicio a diario, hemos de tomar fruta y verdura tres veces al día, nos hemos de limpiar los dientes después de comer un cacahuete, y hemos de practicar meditación cada mañana después de despertarnos.
¡Qué agobio!
A esto se le llama presión social. ¿Pero realmente es la sociedad la que nos oprime?. ¡No!. Lo que nos lleva a sentirnos obligados a actuar de una determinada manera son nuestras propias creencias y valores. Sí es cierto que estas creencias y valores los tenemos porque la sociedad nos ha ido programando así. ¡Pero podemos desprogramarnos!. Cuando una persona reconoce que lo hace no por una exigencia externa, sino por una propia autoexigencia, ya ha dado un paso de gigante. Ya ha abierto los ojos.
Lo más liberador que existe en esta vida es romper con los propios esquemas. De repente, el mundo se vuelve más ancho. Es la experiencia más lúcida posible.

EL ROBLE Y LA CAÑA
Había un roble en la orilla de un río. A los pies del roble crecía una caña. Todos los días, el roble reprendía a la caña por doblarse a un lado y a otro según soplara el viento. "Mírame a mí, cañita", decía el roble. "Observa cómo no me doblego ante nadie, porque soy un roble y soy fuerte". La caña no decía nada; no valía la pena. Una noche hubo una tormenta terrible y el viento sopló ferozmente, con mucha más fuerza que de costumbre. Al amanecer, el roble estaba partido en dos, pero la cañita seguía en pie, meciéndose bajo la luz del sol.

26 de mayo de 2014

Una «paradoja» espiritual - Shakti Gawain

A veces, quienes han estudiado la filosofía oriental o han emprendido un camino de desarrollo consciente no acaban de decidirse a emplear la visualización creativa cuando oyen hablar de ella por primera vez. Se plantean el problema de la aparente paradoja entre la idea de «estar aquí y ahora», prescindiendo de ataduras y deseos, y la idea de marcarse objetivos y crear lo que deseamos en la vida. Se trata, como digo, de una paradoja aparente. 

Porque, de hecho, no hay ninguna contradicción entre las dos enseñanzas si se entienden a un nivel más profundo 
Son dos principios importantes que deben ser prendidos y vividos si se quiere llegar a ser una persona verdaderamente consciente. 
Para explicar cómo se complementan, permítanme hacerles partícipes de mi punto de vista con respecto al proceso de desarrollo interior: 
En nuestra cultura, la mayoría de la gente se ha visto privada de la conciencia de quiénes son en realidad. Han perdido temporalmente su conexión con lo más elevado de sí, y por lo tanto, han perdido el poder y la responsabilidad respecto a sus propias vidas. En cierta medida, albergan en su interior un sentimiento de indefensión. Se sienten básicamente impotentes para introducir un cambio real en sus vidas o en su entorno. Este sentimiento interiorizado de indefensión provoca una lucha y un forcejeo desproporcionados para conseguir tan sólo un poco de poder o control en su propio mundo. 
De ahí que la gente se oriente mucho hacia el logro de objetivos. Se sienten emocionalmente atados a cosas y personas que consideran imprescindibles para ser más felices. Notan que en su interior «falta algo», y se convierten en personas tensas, ansiosas, estresadas, que continuamente tratan de llenar el vacío intentando manipular el mundo exterior para conseguir lo que quieren. 
Éste es el estado de ánimo a partir del cual la mayoría de las personas se fija objetivos y trata de crear lo que quiere en la vida. Desgraciadamente, partir de este nivel de conciencia no conduce a nada, porque se pone usted tantos obstáculos que no puede superarlos; y si los vence y logra sus objetivos es sólo para acabar descubriendo que no le aportan ninguna felicidad interior. 
Cuando advertimos este dilema es cuando empezamos a abrirnos hacia un camino verdaderamente espiritual. Nos damos cuenta, sencillamente, de que tiene que haber algo más en la vida, y comenzamos a buscarlo. 
A lo largo de nuestra búsqueda podemos pasar por fases y experiencias muy diversas, pero acabamos por ir recuperando nuestra propia personalidad. Es decir, volvemos a nuestro verdadero ser, a la naturaleza divina o a la mente universal que existe en todos nosotros. Gracias a esta experiencia acabamos recobrando todo nuestro poder espiritual, y nuestro vacío interior se llena desde dentro. 
Volvamos ahora a nuestra supuesta paradoja. 
Cuando sale uno del estado de vacío, de preocupación y de manipulación, la primera y más importante lección que se aprende es la de dejar que las cosas sigan su curso. Debe usted relajarse, dejar de forcejear, de esforzarse tanto, dejar de manipular las cosas y las personas para conseguir lo que quiere y necesita. En realidad se trata de dejar de hacer tanto y dedicarse simplemente a ser, al menos por un tiempo. 
Si lo hace, descubrirá de pronto que se encuentra estupendamente, porque, de hecho, nos sentimos maravillosamente siendo como somos y dejando que el mundo sea, sin tratar de modificarlo. Ésta es la experiencia básica del principio de estar aquí y ahora, y a esto es a lo que se refiere la filosofía budista con la expresión «librarse de ataduras», que en cierto modo se asemeja al concepto cristiano resumido en la frase: «hágase la voluntad de Dios». Es una experiencia muy liberadora y una de las más importantes para seguir un camino de toma de conciencia respecto a uno mismo. 
En cuanto empiece a experimentarlas con cierta frecuencia, abrirá un canal a lo más elevado de sí mismo y, tarde o temprano, gran cantidad de energía creativa natural empezará a fluir a través de usted. Comenzará a ver que es usted mismo quien ya está creando toda su vida y todo lo que le sucede, y se interesará por crear experiencias más gratificantes para sí mismo y para los demás. Empezará a querer centrar su energía hacia objetivos más elevados y de mayor plenitud que le parezcan realizables en cada momento. Advertirá que la vida es básicamente buena, pródiga y alegre, y que lograr lo que quiere sin tensiones ni luchas es parte de un derecho innato derivado del simple hecho de vivir. A partir de este momento es cuando la visualización creativa se convierte en un instrumento de importancia capital. 

Hay una metáfora que lo expresa, creo yo, todavía con mayor claridad: 
Imaginemos que la vida es un río. 
La mayoría de la gente se ajena a la orilla, temerosa 
de soltarse y arriesgarse a ser arrastrada por la corriente. 
En un determinado momento, todos debemos estar 
dispuestos a soltarnos, confiando en que el río nos lleve 
sanos y salvos. Si es así, es porque hemos aprendido a 
«dejarnos llevar por la corriente», y esa sensación es maravillosa. 
En cuanto nos acostumbramos al fluir de la corriente, 
podemos mirar hacía delante y marcarnos nuestro propio 
curso, sorteando los obstáculos, adentrándonos por 
los canales y brazos del río que prefiramos, sin por ello 
dejar de «ir con la corriente». 

Esta analogía muestra hasta qué punto podemos disfrutar de nuestro aquí y ahora, siguiendo el curso de lo que es, a la vez que nos orientamos conscientemente hacia nuestros objetivos y nos responsabilizamos de nuestras propias vidas. 

Recuerde, además, que la visualización creativa es un instrumento que puede ser empleado para cualquier propósito, incluso el del propio desarrollo consciente. Con frecuencia, la visualización creativa es muy útil para hacer de nosotros personas más relajadas, más abiertas, personas que vivimos en el aquí y el ahora sin perder nunca el contacto con nuestra esencia interior. 

Benditos seáis con todo lo que desea vuestro corazón.