10 de noviembre de 2015

Reiki - Hands of Light - Deuter

Un clásico para sesiones de reiki







Ashana - Jewels of Silence

Eleva tu vibración con el sonido de los cuencos







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Guru Ram Das

Guru RAM Das para el corazón: Amor, compasión, aceptación y realización.
Guru Guru Wahe Guru Guru Ram Das Guru es uno de los mantras más utilizados en Kundalini Yoga. Representa la energía de Guru Ram Das, el cuarto Guru Sikh, Maestro de la apertura del corazón y el servicio.



Moola Mantra




Este mantra evoca al Dios viviente, pidiendo protección y libertad de toda la pena y el sufrimiento. es un orador que adora al gran creador y liberador, quien fuera del amor y la compasión se manifiesta, para protegernos, en una forma terrenal. Este moola mantra atraído gran paz y gozo a la gente alrededor del mundo, quién lo ha cantado, oink luso quién tan sólo lo ha escuchado. tiene el poder de transportar la mente de 1 al estado de amor incondicional y de un gozo ilimitado.
La calma que este mantra es capaz de otorgar es para ser experimentada, no para hablar acerca de ella. querido lector, aquí esta la llave con la cual cualquier puerta que nos lleva al tesoro espiritual puede ser abierta. una herramienta con la cual se pueden conseguir todos los deseos. una medicina que cura todas las enfermedades. el néctar que puede liberar al hombre! todo aspecto favorable y toda la serenidad es tuya simplemente cantando o escuchando este magnífico moola mantra.sea cuando sea que tú cantas el moola mantra incluso sin conocer su significado, el lleva poder en sí mismo. pero cuando tú conoces el significado y cantas con ese sentimiento en tu corazón entonces la energía fluira un millon de veces más poderosa. así pues es esencial conocer el significado del mantra cuando tú lo usas.
El mantra es como llamar a alguien. igual que cuando tú llamas a una persona ella viene y te hace sentir su presencia, en la misma forma cuando tú cantas este mantra, la energía Suprema se manifiesta en todas partes alrededor tuyo. al igual que el universo es omnipresente la energía Suprema se puede manifestar en cualquier lugar y en cualquier momento. también es muy importante saber que la invocación con toda la humildad, el respeto y con una gran necesidad hacéis la presencia más fuerte.significado simplificado de moola mantra

Om - estamos visitando a la más alta energía, de todo lo que hay.

Sat- la no forma

Chit- conciencia del universo

Ananda- puro amor, bendición y gozo

Parabrahma- el creador Supremo

Purushothama- aquel que se ha encarnado en forma humana para ayudar y guiar a la humanidad

Paramatma- aquel que viene a mí en mi corazón, y se convierte en mi voz interior en cualquier momento que yo le pida

Sri Bhagavati- la Madre Divina, el aspecto poderoso de la creación

Sametha- en unión

Sri Bhagavate- el padre de la creación el cual es inalterable y permanente

Namaha- agradezco y reconozco esta presencia en mi vida. pido por tu guía en todo momento.




Deva Premal - Gayatri Mantra

Om Bhu̅rbhuvaḥ svaḥ, tat-saviturvareṇyam
bhargo devasya dhīmahi, dhiyo yo naḥ pracodayāt
Om (el fundamento de todo),  la tierra, el espacio intermedio (entre los cielos y la tierra) y los cielos. Este (el Señor) es el más adorado. Meditamos en ese Señor refulgente y omnisciente. Que dirija nuestros intelectos en la dirección adecuada.

El gayatri-mantra es una plegaria excelente. El sentido de la plegaria es este: “Que el Señor ilumine mi mente y me haga pensar de manera correcta y pueda tomar decisiones adecuadas”.




9 de octubre de 2015

Hoponopono - Plegaria



Divino Creador, Padre, Madre, Hijo todos en Uno...
Si yo, mi familia, mis parientes y antepasados
Ofendieron a tu familia, parientes y antepasados
En pensamiento, palabras, hechos y acciones
Desde el inicio de nuestra creación hasta el presente
Nosotros pedimos tu perdón
Deja que esto se limpie, libere y purifique
Corta todas las memorias, bloqueos, energías y vibraciones negativas
Y transmuta estas energías indeseables en pura luz...
Hecho esta.

“Las hojas al caer hacen música, yo la oigo y la canto” Akarpa Lobsang Rinpoche



Ten­go 34 años. Na­cí en Tí­bet y des­de ha­ce cua­tro años vi­vo en Hong Kong. Soy gran maes­tro de me­di­ta­ción zen y de yo­ga ti­be­tano, y mú­si­co. Soy cé­li­be, sin hi­jos. Soy bu­dis­ta, bus­co paz y fe­li­ci­dad, no po­der ni di­ne­ro. Mi can­to so­sie­ga la men­te. La mú­si­ca es el camino a la paz mundial.




VÍC­TOR-M. AME­LA


RO­SER VI­LA­LLON­GA

-¿Có­mo se hi­zo la­ma?

Yo te­nía cin­co años y mi abue­la di­jo: “Es­te ni­ño de­be­ría ir al mo­nas­te­rio”. ¿Y le lle­va­ron? Sí. Me ilu­sio­né, ad­mi­ra­ba a los mon­jes tan­to co­mo mi pa­dre y mi tío, gran­des me­di­ta­do­res. ¿Qué le en­se­ña­ron los mon­jes? A leer y es­cri­bir ti­be­tano, ca­li­gra­fía y pin­tu­ra, me­di­ci­na ti­be­ta­na, ma­te­má­ti­cas, fi­lo­so­fía, de­ba­te... y me­di­ta­ción.
-¿Le gus­ta­ba? No.
¿No? Era un ni­ño y me do­lía el cu­lo de es­tar tan­to ra­to sen­ta­do, in­ten­tan­do me­di­tar..., ¡mien­tras oía las ri­sas y jue­gos de otros cha­va­les fue­ra del mo­nas­te­rio!
-¿Qui­so lar­gar­se al­gu­na vez? ¡Mu­chí­si­mas ve­ces! Es­ta­ba muy fas­ti­dia­do.
Qué sin­ce­ri­dad, se­ñor la­ma. ¡Ja, ja! De ni­ño te­nía un oí­do fi­níííí­si­mo: ¡lo oía to­do!, y, cla­ro, me des­pis­ta­ba con los so­ni­dos del ex­te­rior, era in­ca­paz de me­di­tar.
-¿Si­gue oyen­do tan­to?

¡Diez ve­ces más que tú! Cien­tí­fi­cos de la Uni­ver­si­dad de Ca­li­for­nia me han he­cho
prue­bas: mien­tras me­di­to, soy ca­paz de oír tu res­pi­ra­ción a diez me­tros de dis­tan­cia.

-Al fi­nal apren­dió a me­di­tar, en­ton­ces…

Lle­gó el amor, sí. Re­cuer­do bien el día. Te­nía 11 años.

-¿Me lo ex­pli­ca?

No me gus­ta­ban las cla­ses, no me gus­ta­ba mi maes­tro, le odia­ba, yo es­ta­ba muy en­fa­da­do... Una tar­de fui­mos a me­di­tar mi maes­tro y yo a la mon­ta­ña, y yo es­pe­ra­ba con fas­ti­dio sus in­di­ca­cio­nes. “No ha­re­mos na­da”, di­jo. Em­pe­zó a llo­ver... y yo rom­pí a llo­rar.

-¿Por qué?

Me in­va­dió una sú­bi­ta e in­men­sa fe­li­ci­dad. De pron­to sen­tí la men­te cal­ma, cla­ra y des­pier­ta, ¡una gran paz! ¡To­do es­ta­ba bien!

-¿Así, de re­pen­te?

Sí. ¡Qué re­ga­lo ma­ra­vi­llo­so! Me tras­pa­só un amor que ya nun­ca me ha aban­do­na­do. ¡Has­ta mi odio­so maes­tro me pa­re­cía fan­tás­ti­co! ¡In­clu­so su olor era fra­gan­te! Sa­lió el ar­co iris. Nu­bes por allí, ra­yos de sol por allá... ¡Qué her­mo­so era to­do! Em­pe­cé a can­tar...

-¿A can­tar?

Siem­pre he can­ta­do. Se­guí con mi voz el mo­vi­mien­to de la ra­ma de un ár­bol, la caí­da de una ho­ja...

-¿Qué mi­ra, Akar­pa?

Veo aho­ra por esa ven­ta­na las ra­mas de ese ár­bol y sien­to ha­cia él mu­cha gra­ti­tud...

-Un sen­ci­llo plá­tano de Bar­ce­lo­na.

...por­que me re­cuer­da aquel día y se me po­ne la piel de ga­lli­na: ¿ve có­mo se mue­ven sus ho­jas? Se me­cen con com­pás mu­si­cal, ¡y yo lo oi­go! Al caer una ho­ja tra­za una me­lo­día que yo pue­do can­tar. Mi­ra, es­cu­cha...

-Sue­na hip­nó­ti­co... Y aquel día can­tó...

Mi voz y to­da la na­tu­ra­le­za al­re­de­dor eran un so­lo mo­vi­mien­to, una mis­ma me­lo­día. Me ol­vi­dé de to­do. To­da mi ra­bia, en­fa­do, odio, ¡des­va­ne­ci­dos! Era la fe­li­ci­dad ple­na.

-¿Cuán­to ra­to es­tu­vo así?

No sé, sa­lí del tran­ce cuan­do mi maes­tro me ti­ró una pie­dra a la ca­be­za, ¡ja, ja! Ha­bía ano­che­ci­do. Me ha pa­sa­do otras ve­ces...

-¿El qué?

Po­ner­me a can­tar y no dar­me cuen­ta del tiem­po que pa­sa... Una vez me­di­ta­ba ca­mi­nan­do y can­tan­do, es­ta­ba en una ca­sa pe­que­ña y la gen­te se aso­ma­ba a la ven­ta­na pa­ra ver­me... ¡y así pa­sa­ron ocho ho­ras!

-¡Ocho ho­ras can­tan­do!

Ni me en­te­ré. En el mo­nas­te­rio, al prin­ci­pio, los mon­jes ma­yo­res me to­ma­ban por lo­co al ver­me me­di­tar can­tan­do... Me ha­cían ca­llar. ¡Aho­ra les gus­ta! Y has­ta tie­nen mi mú­si­ca co­mo sin­to­nía de lla­ma­da en el mó­vil.

-¿Los la­mas tie­nen mó­vil?

Cla­ro. Ca­da día es­ta­mos más tec­ni­fi­ca­dos.

-¿Qué es lo que can­ta?

Des­de can­cio­nes tra­di­cio­na­les con man­tras has­ta can­cio­nes que me sa­len de den­tro. Mi mú­si­ca me ayu­da tam­bién en mis cla­ses de zhang-zhung yo­ga.

-¿Qué yo­ga es ese?

El yo­ga más an­ti­guo, ori­gi­na­rio de lo más pro­fun­do de los Hi­ma­la­yas en los tiem­pos más re­mo­tos. Im­pli­ca al cuer­po, al ha­bla y la men­te. La me­di­ta­ción, só­lo a la men­te.

-¿Y qué es un man­tra?

Fra­ses me­ló­di­cas que ayu­dan a re­zar y a me­di­tar. Hay man­tras de mi­les de años, pa­re­ce que los an­ti­guos egip­cios ya los usa­ban... He gra­ba­do un dis­co con mis can­tos que ha ven­di­do ya 800.000 co­pias en Chi­na.

-En­ho­ra­bue­na.

Con mis can­tos la gen­te me­di­ta, re­za, se re­la­ja. Y mu­chos has­ta com­ba­ten el in­som­nio. Se ha com­pro­ba­do que es­tos can­tos so­sie­gan la men­te, se­re­nan el ce­re­bro hu­mano.

-Si le es­cu­cho, ¿se­ré me­jor per­so­na?

Te ayu­da­rá a ser me­jor y más fe­liz, se­gu­ro. ¿Irás a es­cu­char­me?

-Ire

Y sien­do tú me­jor, tu en­torno me­jo­ra­rá. Y si cre­cen los en­tor­nos com­pa­si­vos, ¡el mun­do se­rá me­jor! Si tú me­jo­ras, el mun­do me­jo­ra. Y la mú­si­ca es el ca­mino, la mú­si­ca es el ca­mino de la paz y la fe­li­ci­dad mun­dial.

-A ver có­mo sue­na...

San ye... aram­bo­che yen ba... lam yen aram­bo­cheeeeeeeeee...

La Vanguardia