5 de marzo de 2011

Gandhi- Destino

Cuida tus pensamientos, porque se transformarán en actos.


Cuida tus actos, porque se transformarán en hábitos.


Cuida tus hábitos, porque determinarán tu carácter.


Cuida tu carácter, porque determinará tu destino.


Y tu destino es tu vida.

Dr. Len - Ho’oponopono

“Somos todos Seres Divinos, pero la mente solo puede servir a un maestro a la vez. Puede servir las memorias repitiendo lo problemas, o puede servir a la Divinidad que son las inspiraciones”.
“El Intelecto tiene que escoger: puede funcionar comandado por los problemas, o puede funcionar comandado por la inspiración”

19 de febrero de 2011

Sostener la luz en las tinieblas

En varias ocasiones me he encontrado con gente muy sensible asustada y dolida por lo que pasa en el mundo. Los comprendo porque he estado muchas veces por ese estado. Pero muchos sabíamos que no veníamos a una fiesta al encarnar y esto recién comienza. El miedo es otra forma de controlarnos. Por eso es importante darnos cuenta que el planeta y nuestros hermanos, nos necesitan interiormente firmes, de pie frente a los acontecimientos. Recordemos que hemos sido monjes y también guerreros. Es momento de fusionar las esas vidas. Siendo guerreros de la Luz.

17 de febrero de 2011

Hay que aprender a recibir y olvidar el paternalismo


17/02/2011 - 00:11 | 

Tengo 52 años. Nací en Orihuela y llevo media vida en África, 14 años en RD Congo y 12 en Camerún. Soy religiosa de la Congregación de Santo Domingo y dirijo un centro hospitalario en Yaundé (Camerún). Estar al servicio del otro es la única política que yo apoyaría. 
Foto: XAVIER CERVERA
Una vida lograda
Para la presentación de su nueva campaña de sensibilización para el desarrollo que se centra en la lucha contra la mortalidad infantil, la oenegé Manos Unidas ha traído a una de esas personas ¿que ellos alientan y apoyan¿ sin las cuales el mundo sería un lugar peor. Desde hace 26 años Cristina ha ido incorporando especialidades a su saber para poder atender a los enfermos, empezó trabajando en un hospital de RD Congo a los 26 años como único médico. Ahora, en Camerún, además de ejercer la medicina en el hospital, acude a la selva, donde su congregación tiene once puestos de salud y opera sin esterilizadora, sin luz y con un material quirúrgico rudimentario, pero sigue salvando vidas
Dígame qué la hace feliz.

Siendo niña vi una imagen de un hospital en África: “Quiero ser médico, me dije, pero también quiero ser misionera”. Y ahí estoy.

Lo mismo trata un paludismo que opera unas cataratas... Atrevida, ¿no?
Cuando vengo de vacaciones aprendo nuevas especialidades, porque allí la necesidad obliga. He operado a niños siguiendo las instrucciones de un libro de medicina, pero si no lo hacía morían.

¿Y cuando sale mal?
Me he culpabilizado, pero lo que he aprendido en África es que tienes que fijarte en las cosas buenas que puedes hacer y has hecho si no quieres paralizarte.

¿Cómo fue el aterrizaje?
Era como un recién nacido, tuve que aprender hasta a hablar para poder entenderme. Escuchar y observar fue lo primero.

En un hospital con un único médico.
Sí, un congoleño que se moría de cáncer y que intentó transmitirme toda su sabiduría. Lo más importante para mí fue el “tú puedes” que constantemente me repetía.

¿Qué le hizo ir adquiriendo seguridad?
Otra frase que me han repetido los pacientes cuyas enfermedades crónicas o extremas nos han unido mucho: “A través de tu presencia veo a Dios”, “ a través de tus manos...”, “a través de tus ojos...”. Y me lo dicen incluso sin ser de la misma religión; algo reciben que es grande, y me gusta ser el mensajero.

Recogió usted a un muchacho.
Sí, en Camerún. Tenía 14 años, vino a verme con su hermano pequeño, que tenía una conjuntivitis aguda. Le dije que debía haber venido antes y me contestó que eran huérfanos y que había estado trabajando para juntar el dinero que costaba la consulta. No quise cobrarle, pero él se empeñó en pagar.

Y se le partió el alma.
Sí, le pagamos los estudios y ahora trabaja en el hospital. Me llama mamá. Cuando quiso casarse tuve que ir a hacer la petición de mano, preparar la dote y acudir a la mezquita el día de la boda.

¿Algún aprendizaje?
Libertad interior. Lo importante es la cercanía entre unos y otros, y el amor, más que la confesión concreta que tú tengas.

Los misioneros se alejan bastante de los dogmas de la Iglesia católica.
Encontramos problemas muy duros en el día a día que nos exigen dar una respuesta.

Dicen que duerme tumbada en el suelo junto a los pacientes.
Cuando la gente lo necesita me doy del todo. Si le da seguridad que le dé la mano toda la noche, se la doy. Eso me hace feliz.

Explíqueme momentos de estos 26 años que le hayan hecho evolucionar.
Durante la guerra del Congo los soldados atacaron nuestra comunidad; nos metieron a todas en una iglesia con otros misioneros mientras saqueaban nuestra casa. Lo terrible fue que la población acabó de arrasar con lo que quedaba. En el hospital ocurrió lo mismo, aparatos que yo había traído con muchísimo esfuerzo fueron destruidos.

Eso debió de doler mucho.
Sí, pero obtuve grandes lecciones, entendí que es más importante trabajar por ese intangible que es el amor que por conseguir aparatos. Me di cuenta de que quizás no habíamos vivido con la suficiente cercanía e igualdad con la población. Y, por supuesto, aprendí algo muy grande: que la vida la puedes perder en dos segundos.

¿Sintió su vida amenazada?
Sí, a la iglesia entraban soldados totalmente drogados pegando tiros para asustarnos. Uno me puso la bayoneta en el pecho, durante diez minutos me gritó y amenazó, quería 2.000 dólares que yo no tenía. No clavó la bayoneta, pero podía haberlo hecho. Así que supe que había vuelto a nacer.

¿Qué sentía?
Miedo, pero a la vez una fuerza interior que me hacía seguir de pie y buscar un momento en el que los soldados estuvieran distraídos para salir corriendo con toda mi comunidad y, perseguidas por los tiros, internarnos en la selva.

¿Nunca ha llegado a sentir odio?
Sentí rabia hacia esas personas que habíamos ayudado tanto y destrozaron aparatos de los que ya nadie se beneficiaría. Tuve que hacer un trabajo de reconciliación y decidí no rehacer la casa, adaptarme a la situación.

¿Cuál era la situación?
Nos habían robado el frigorífico y decidimos no comprar otro; nos habían roto la cocina y decidimos cocinar con carbón..., vivir como ellos. Y entonces ocurrió algo, las cosas nos llovían, venían con gallinas, con huevos, con plátanos... Durante tres meses no tuvimos que comprar nada.

¿Qué entendió?
Que habíamos tenido demasiados manojos de llaves y puertas cerradas. Al vivir como ellos se sintieron más cerca de nosotras y se volcaron. Es importante aprender a recibir y olvidar el paternalismo.

¿Cómo lleva la muerte de un paciente?
Mal, a veces no puedes ni calmarles el dolor, pero incluso entonces han agradecido mi presencia. La capacidad de aceptación, de, a pesar de vivir ese sufrimiento, no renegar, me parece inmensa.

¿Qué hace falta para estar satisfecho de uno mismo?
Realizar lo que llevas dentro y asumir lo que te ocurre. El hoy no lo puedes cambiar, acéptalo y trabaja para cambiar el mañana.

13 de febrero de 2011

León Tolstói

‎"Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo."


"El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere sino en querer siempre lo que se hace." 

Burbujas de protección - Del libro "Las energías protectoras" de William Bloom

La estrategia más conocida para protegerse psíquicamente es la de crear una burbuja o huevo protector alrededor de sí. Usted se imagina y se percibe dentro de una burbuja en la que no pueden penetrar vibraciones desagradables.



Póngase cómodo y relájese.
Conecte con la tierra y encauce su respiración hasta conseguir un ritmo sosegado, tranquilo.
Imagine y sienta que está rodeado por una burbuja o huevo protector transparente que le protege de las vibraciones negativas.  Durante un rato, perciba esta burbuja a su alrededor. Por encima de su cabeza. Bajo sus pies. Protegiéndole totalmente la espalda. Le rodea por completo.
Sienta que sus propias vibraciones pueden salir a través de la membrana de la burbuja. Sienta que la burbuja no impide que entren las buenas vibraciones.
Esté muy relajado y muy a gusto dentro de ella. Perciba claramente que las energías externas des 
agradables no pueden penetrar.
Luego hay ciertas exquisiteces que puede usted añadir a su burbuja. Siéntase en libertad de experimentar con ellas y descubrir con cuál se encuentra más a gusto, o cuál de ellas le resulta más fácil hacer.


 Cuando haya hecho su burbuja, exhale aire lentamente y perciba cómo su húmeda y cálida respiración inunda la burbuja de su vibración pura, de su «esencia». Llene la burbuja con su propia vibración. Hágalo repetidas veces. 
Llene la burbuja de diferentes colores. ¿Qué tal una burbuja verde o azul? Sea psicodélico y pruebe con una burbuja multicolor. En distintos momentos o en distintas situaciones, comprobará que ciertos color es son más convenientes para usted. (Cada color, como cada sonido, tiene una vibración diferente. A medida que vaya cambiando su estado de ánimo o la situación en que se encuentre, también irán cambiando las vibraciones del color que más le convenga.) No deje de experimentar con aquello que le da mejor resultado. 
Llene la burbuja de imágenes protectoras que le gusten.
En muchos casos suelen ser símbolos religiosos: la cruz, la estrella de David, la estrella de cinco puntas o el símbolo hindú del Om, que se considera el sonido sagrado de la creación. Pueden ser imágenes míticas tales como Hércules y Diana o imágenes de personajes religiosos en los que usted confía: Jesús, Buda o Kuan Yin. (Más adelante explicaré cómo y por qué estos símbolos constituyen una verdadera ayuda en el plano energético.)
Siéntase libre para decorar el interior de su burbuja y haga allí dentro cualquier cosa que le guste, que le ayude y que dé a la burbuja una vibración más fuerte.
Imagine símbolos especialmente potentes —como la cruz o la estrella de cinco puntas— en el exterior de la burbuja; con ello reforzará la membrana. Escriba consignas en la parte externa de la burbuj a, como por ejemplo: «Por favor, no entre» o «Absténganse las malas vibraciones».

Importante: Asegúrese siempre de que la burbuja pase por debajo de sus pies y cubra su espalda. Y
como siempre, manténgase conectado con la tierra y respire.