27 de octubre de 2009

El principio de aprendizaje por la ley del karma. Anne Marquier – “El poder de elegir”

Hola: estoy leyendo este libro y me gusto la reflexión y clarificación que hace la autora. Lo escanee. Espero tambien les sea util.

Saludos

Pablo


El principio de aprendizaje por la ley del karma. Anne Marquier – “El poder de elegir”
Para algunos, esta noción es hoy en día muy familiar. Sin embargo, por esta misma razón, la de que esta noción resulte cada vez más conocida, numerosas deformaciones y excesivas simplificaciones han llegado a degradar su verdadero sentido. Así pues nos limitaremos aquí brevemente a esclarecer su significación fundamental.
Es una ley a la que llaman también «ley de la reciprocidad». El principio en sí comienza a ser muy conocido y por ello no daremos más detalles. 5
5. Para los que no están familiarizados con este concepto ya los que prefieran conocer algo más sobre el asunto, entre la abundante literatura existente, el libro de Gina Germinara, Múltiples moradas, que va hemos citado, contiene numerosos ejemplos y es una buena obra de referencia.
En cambio, aquí vamos a clarificar esta noción, porque a medida que ha sido vulgarizada, ciertas interpretaciones simplistas han deformado completamente su sentido, hasta tal punto que algunos ya rechazan está noción y con toda razón. Sin embargo, es muy importante captar su verdadero sentido, ya que nos permitirá luego aclarar el concepto de responsabilidad -a tracción -creación.
En principio, la ley del karma o ley de la reciprocidad, ha sido expresada como una ley según la cual recogemos lo que sembramos. Si hemos obrado bien, tendremos buenos resultados; si hemos hecho daño a alguien, recibiremos malos tratos. Esta visión, demasiado simple, no está lejos de la realidad; sin embargo es insuficiente para comprender la utilidad real de la ley del karma.
La ley del karma es una ley de atracción, y lo que vamos a atraer es efectivamente función de lo que hemos realizado o dejado de realizar en el pasado. Es verdad que la ley del karma se apoya sobre nuestro pasado, sobre el conjunto de nuestras vidas pasadas, o -si no se quiere hacer intervenir la noción de tiempo-, la ley del karma se apoya sobre un cierto estado de conciencia a fin de crear un estado de conciencia más avanzado. Pero el objeto de esta atracción no es un retorno mecánico. La finalidad fundamental de la acción de la ley del karma es el de atraer circunstancias de vidas tales que resulte favorecido el aprendizaje del ser humano en función de lo que éste está dispuesto a hacer en su proceso de evolución para poder llegar a un mayor dominio de su propio vehículo y para la expresión más completa de su propio Ello. El propósito de esta leyes esencialmente educativo y evolutivo, nacido de la gran ley del amor y de la armonía del Universo.
En función de esto, decidiremos qué tipos de situaciones, o qué tipos de condiciones de vida y de experiencias deberemos atraer energéticamente a nuestra vida. Decimos bien energéticamente, porque así como veremos en el capítulo siguiente, todo el proceso de atracción es un proceso energético. Todo es movimiento de energía y esas «decisiones», o esas «elecciones» no se hacen de una manera racional lineal.
(Como lo presentamos aquí, ya que nosotros nos expresamos por medio de palabras y a través del intelecto), sino por la acción energética instantánea dirigida a través de la intención de base que es la intención de la evolución.
Una vez precisado todo esto, encontramos dos errores corrientes en la forma de percibir la ley del karma:
-El primer error es creer que el karma funciona como un castigo o una recompensa. Creemos que si hemos cometido «malas» acciones en una vida pasada, deberemos pagarlo con circunstancias difíciles en esta vida, y que si fuimos buenos, seremos recompensados. Esto es una percepción errónea de la ley del karma. Ésta es una ley educativa en el mejor sentido de la palabra, y en este sentido, la noción de castigo no existe.
En efecto, ¿a qué llamamos «malas acciones»? Son aquéllas que no respetan las leyes naturales del universo, acciones realizadas por la personalidad y contrarias a la voluntad del Ello, acciones salidas de la separatividad y del olvido de nuestra esencia divina.
Entonces podemos formular las preguntas siguientes: ¿Cuáles son las leyes naturales del universo? ¿Cómo librarse de la separatividad y encontrar la unidad? ¿Cómo operar de acuerdo con la voluntad de nuestro Ello? Descubriremos las respuestas en el proceso de evolución de la conciencia. Ya que no existe en ninguna parte una descripción racional de lo que es la voluntad del Ello, porque eso sobrepasa de lejos la posibilidad de comprensión de la mente; ni tampoco una lista escrita de las leyes naturales del universo, porque éstas resultan cada vez más complejas y sutiles a medida que avanzamos en conciencia. Éste es e¡" propósito de la evolución: descubrir, mentalizar todas las leyes naturales del universo, encontrar y experimentar la esencia misma de nuestro ser, redescubrir todos los misterios del universo a fin de dominar totalmente el universo físico tanto como el sutil, en el seno del cual vivimos, experimentamos y evolucionamos.
Con nuestra conciencia actual, ¿conocemos acaso algunas leyes o aspectos de la voluntad del Ello? Ciertamente, con toda la tergiversación que pueden aportar las limitación de nuestras conciencias actuales. Pero podemos dar algunos ejemplos de aproximación a ciertas leyes naturales. La mayor parte de la humanidad está de acuerdo ahora en considerar que la integridad física de una persona debe ser respetada. Matar a alguien o golpear físicamente a una persona indefensa y que no nos ha hecho nada, es transgredir una ley universal. Negar, por puro egoísmo, la ayuda a alguien necesitado es transgredir una ley universal. Robar, mentir, carecer de integridad, de amor, todo eso puede ser considerado como transgresiones de leyes universales a un nivel extremadamente simple. Recordemos que lo que debemos refinar e incluir en unos sistemas más amplios no son más que aproximaciones y lo haremos en la medida en que nuestra propia conciencia se agrande. Podemos encontrar, en esta búsqueda de la comprensión de las leyes universales y de la experiencia de nuestra propia divinidad, todos los intentos morales que se han hecho por parte de las religiones, y que eran pasos, más o menos hábiles hacia una mentalización de esas leyes y de esta experiencia. (Por supuesto que ha habido, hay y habrá todavía muchas deformaciones, interpretaciones estrechas y erróneas, muchos falsos pasos, pero esto es debido a los límites de la conciencia humana del momento y forma parte del juego; no es posible avanzar de otro modo.)
La ley del karma es una ley de amor, y sólo existe para sostener nuestra meta fundamental de evolución y de plenitud hacia una manifestación más perfecta de nosotros mismos. Lo que llamamos una «mala acción» no es más que una demostración de la ausencia de contacto con la voluntad de nuestro Ello que ocasiona nuestra ignorancia de cierta ley y el olvido de lo que somos. Entonces la ley del karma hará que atraigamos a nuestra vida circunstancias que nos permitirán comprender y respetar la voluntad del Ello al tiempo que seguiremos naturalmente esta ley, y así podremos encontrar algo más de nuestra esencia. Por tanto, si una «mala acción» en el pasado atrae una circunstancia desagradable en nuestra vida actual, no es en absoluto para castigarnos (el concepto de castigo es una invención de la mente humana y no existe como ley de la naturaleza), sino más bien para darnos la ocasión de experimentar y de aprender acerca de la ley que quizás hayamos transgredido en una circunstancia pasada.
«En cuanto al karma, lo que el hombre ha hecho puede deshacerlo. Es lo que olvidamos a menudo. El karma no es una regla estricta e inflexible. Es susceptible de cambio según la actitud y el deseo del hombre. Presenta la ocasión de cambiar; depende de las actividades pasadas que, si se las afronta de manera justa y se las trata de forma correcta, establecen las bases de una felicidad y de un progreso futuro.» Alice A. Bailey, Exteriorización de la jerarquía.
Esto es valedero para cualquier acción, aunque nuestra limitada mente humana la haya juzgado «buena» o «mala». Esta acción lleva en sí cierta energía; los Señores del Karma (si queremos personificar la dinámica energética de este proceso) tienen una percepción de una precisión absoluta y ajustan instantáneamente la respuesta perfecta relativa a esta acción. Esto se hace con el propósito del aprendizaje y la evolución de la persona en cuestión, o del grupo escogido, pero nunca con el fin de un castigo cualquiera. N o existe nada «bueno» o «malo». Existe el conocimiento o la ignorancia, la unidad con el Ello o la separación. La ley del karma nos conduce de la ignorancia al conocimiento, de la separación a la unidad. La noción del bien y del mal ha sido una invención de la mente humana para intentar describir el fenómeno más amplio de la ignorancia y del conocimiento. Esta última descripción incluso debería ser superada puesto que permanece todavía en el dominio de la dualidad. No obstante vayamos paso a paso para no correr el riesgo de tener que volver hacia atrás un día u otro.
En el transcurso de una experiencia que le permitió entrar en contacto con una de sus vida anteriores, Carl revivió unos momentos en los que se libró, con mucha arrogancia y fanatismo, de intensas actividades de propaganda para un partido político de su país. Una vez su partido llegado al poder, actuó de una manera terriblemente dogmática, causando daños e incluso haciendo condenar por medio de severas penas a todos los que no estaban de acuerdo con sus ideas. Varias vidas hablan pasado entre esa vida y la presente; Carl ahora era un arquitecto que tenía muchas ideas y muy originales que quería proponer al público. No obstante, por una razón u otra, toda una serie de problemas administrativos surgían constantemente cuando deseaba realizar concretamente uno de sus proyectos. Carl experimentaba lo que podía ser la estrechez de espíritu y el abuso de poder. No era de ningún modo un Castigo, sino más bien la ocasión de volver a sentir en todo su ser el valor de un espíritu amplio y abierto.
Carl podía elegir evidentemente su respuesta a ese factor recurrente en su vida. O bien podía victimizarse con eso y odiar a todo el mundo y por ende mantener la situación, o bien sabiendo que todo eso no era superfluo, podía potenciar fuerzas, coraje, flexibilidad, paciencia, tenacidad y confianza para por fin realizar sus aspiraciones.
U n segundo error, que deriva del primero, consiste en creer que debemos soportar nuestro karma. «Debo haber hecho algo malo en cierto momento dado, o bien he tenido una relación difícil, o he sembrado el desorden y el odio, así pues ahora es normal que deba pagar por eso. Deberé esperar que la mala suerte pase, y cuando haya sufrido lo suficiente, habré pagado mi deuda (una variante sofisticada de la posición de victima)... Ahora bien, como hemos dicho más arriba, el karma no existe como castigo, sino más bien como ocasión de aprendizaje. Podemos muy bien sufrir todo lo que queramos, pero si no aprovechamos la ocasión de hacer el aprendizaje que se nos ofrece (como toma de conciencia, desarrollo de calidad u otra forma de evolución), nuestro pasado se quedará más y más con nosotros, y no haremos más que crearnos otras experiencias de sufrimiento. Así pues «soportar el karma» no arregla las cosas en absoluto. Si hay una situación kármica, es que hay algo que aprender, por lo tanto hay que hacer algo. Contentarse con sufrir esperando que pase el karma es una concepción errónea del proceso que justifica la inacción y roza la victimitis. El sufrimiento sólo es útil en la medida que nos empuja a hacer una toma de conciencia que no hubiéramos hecho sin él.
En realidad, la persona infectada de victimitis es el caso típico de la persona que no quiere saber nada, ni aprender nada a partir de lo que el mundo le presenta. Así pues no aprovecha ninguna oportunidad de cambiar por el sufrimiento, porque cuando sufre, su reacción es únicamente la de criticar a los otros, acumular la frustración y esperar, si no exigir, que el mundo cambie para que le sea más favorable. Por su-puesto que en su caso, el mundo está lejos de estar dispuesto a cambiar, puesto que atraemos hacia el exterior lo que tenemos en el interior. Cuando estamos afectados de victimitis, no hay posibilidad de evolución en el sufrimiento, en tanto permanezcamos en ese estado de ánimo. Afortunadamente, siempre existe el Ser que quiere manifestarse y, tarde o temprano, podemos despertar y tomar la responsabilidad de nuestra propia dicha y de nuestra evolución. Para aquellos o aquellas que sientan que han tardado mucho, quizás estas reflexiones podrán acelerar el proceso de toma de conciencia de este mecanismo que nos mantiene a todos más o menos prisioneros y nos impide avanzar más libremente y con más dicha por el camino de nuestra vida.
En relación a la segunda pregunta, « ¿Es necesario sufrir para evolucionar?», podemos contestar sí y no; depende, una vez más, del grado de evolución de cada uno. Si, como hemos visto en el párrafo anterior, estamos muy dormidos en nuestro inconsciente y nuestra mente automática, entonces el sufrimiento nos será necesario a modo de despertador. Éste es el método «a la fuerza», como lo hemos visto precedentemente. Pero si estamos ya despiertos a la realidad de nuestro ser profundo, si hemos decidido trabajar conscientemente sobre nuestra propia evolución, y hemos elegido mantener nuestro espíritu abierto y curioso en lugar de encerrarlo en sistemas de creencias estrechos preparados de antemano, o en el arsenal de la mente inferior, entonces podremos elegir libremente utilizar todo lo que la vida nos depare para profundizar y ampliar nuestra conciencia. Entonces el sufrimiento ya no es automáticamente necesario. Avanzamos por el método «a la fuerza», a partir de las elecciones conscientes v libres. Esto incluye por otra parte tanto las circunstancias
Pero, ¿tenemos necesidad de sufrir para evolucionar?
O, mejor aún, otras dos preguntas: ¿Hace evolucionar el sufrimiento? ¿Es necesario sufrir para evolucionar?
En lo tocante a la primera pregunta, ¿por qué razón tenemos la idea de que a pesar de todo es el sufrimiento el que nos hace avanzar? En nuestra cultura judeocristiana, es un punto que ha sido desarrollado con mucha fuerza, hasta el límite que ser dichoso o gozar en la vida resultaba sospechoso, e incluso contradictorio con la evolución espiritual. En realidad, hay una ínfima parte de verdad en ello pero, como decía un sabio, no hay nada peor que la verdad a medias, porque ella implica, en su error, algo que podría engañar al mundo, y al mismo tiempo ser capaz de servirse de la fuerza de una porción de verdad para engañar al mundo todavía con más eficacia.
¿Nos hace crecer el sufrimiento? Podemos contestar: depende de cada uno. Si, empujado por el aguijón del sufrimiento, utilizamos la ocasión que se nos presenta para retornar sobre nosotros mismos, para cuestionarnos profundamente y para transformar nuestra conciencia, el sufrimiento habrá servido tal vez para nuestra evolución. Pero, en efecto, el sufrimiento no habrá sido más que un pretexto para des-portarnos. Lo que nos habrá hecho crecer verdaderamente es nuestra voluntad y nuestra elección de preguntarnos y de interrogar nuestra vieja manera de percibir el mundo y de intentar entrar en contacto con la realidad con una mirada nueva. Es lo que llamamos evolucionar por el método «a la fuerza». No queremos saber nada hasta el día en que el sufrimiento nos da un golpe, nos sacude y, en un sentido, nos obliga a hacer algo para salir de nuestra situación de sufrimiento. Pero con toda evidencia, si estamos muy dormidos y no nos despertamos, el sufrimiento volverá una y otra vez, hasta el momento en que decidamos hacer algo concreto. No crecemos automáticamente porque sufrimos: depende de lo que hayamos elegido hacer con el sufrimiento.
Agradables de la vida como las desagradables. Por ejemplo, podemos haber atraído en esta vida condiciones muy favorables en cuanto a lo material y vivir en la abundancia. Esto puede experimentarse de una forma muy egoísta, o bien podemos tomar esta ocasión para potenciar cualidades de generosidad y desprendimiento. Toda circunstancia puede ser utilizada para crecer en conciencia, y no es necesario esperar a que dichas circunstancias sean difíciles para empezar a moverse.
Un aspecto interesante que se deduce de esta observación es que no tenemos ninguna necesidad de sufrir para aprender algunas lecciones kármicas difíciles. En realidad, si por un trabajo interior consciente sobre uno mismo, hacemos las tomas de conciencia que nos llevan a desarrollar ciertas cualidades, a descubrir conscientemente y a integrar las leyes que habíamos transgredido en el pasado, y que elegimos ahora vivir lo más profundamente posible, entonces la ley del karma relativa a ese asunto resulta caducada al instante. De hecho, cuando la toma de conciencia ha sido hecha y la transformación interior efectuada, la ley del retorno resulta inútil. Por tanto no entrará en acción. Es así, y solamente así, como podemos «quemar karma» según la expresión corriente, y nadie puede hacerlo en nuestro lugar. La transformación de conciencia debe hacerse por el propio individuo, es su honor y su privilegio como ser humano, y es así como encuentra su dicha y su beatitud. Pensar que otro puede salvarnos es tan inútil e ilusorio como para un alumno de piano esperar que su profesor toque por él un concierto de Beethoven. La dicha viene cuando, con la ayuda de nuestro profesor, por supuesto, llegamos a tocar ese concierto nosotros mismos. Este aprendizaje puede hacerse en el gozo y no necesariamente en el sufrimiento. Regocijémonos pues, no es siempre preciso sufrir para evolucionar. Este proceso de evolución puede ser un proceso dichoso, sobre todo si cesamos de resistirnos a él.
El proceso de atracción de todos los acontecimientos de nuestra vida se hace pues según el principio de evolución y a partir de la voluntad consciente de nuestro Ello. De vida en vida creamos cada vez las condiciones óptimas que nos permitan hacer la experiencia total de nuestro Ello a todos los niveles de nuestro ser. N o hay ningún azar. El mundo tal como es alrededor de nosotros es la imagen exacta del estado de nuestra conciencia, tanto a nivel personal como a nivel colectivo. En lugar de resistirlo podemos elegir utilizar esas circunstancias (que hemos creado según las necesidades del plan de evolución) como oportunidades de aprendizaje en vista al desarrollo de nuestra conciencia y de nuestro regreso al estado de poder y libertad divinas.

6. Segundo pequeño paréntesis a propósito del tiempo (para el lector curioso y Sin prisas): algunos. Considerando que el tiempo no existe, defienden que el concepto de Vidas sucesivas no es adecuado y que debernos considerar que vivimos todas nuestras Vidas al mismo tiempo. Sin embargo. El concepto mismo de vidas simultáneas implica la noción de tiempo. Puesto que hay que definir al tiempo para decir todo lo que ocurre al mismo tiempo. Para armonizar esta percepción con la del tiempo lineal, en lugar de vidas pasadas. Podemos hablar de experiencias a realizar a partir de ciertos estados de conciencia. Estos estados no se presentan. A nivel del Ello. Sucesivamente en el tiempo, puesto que a ese nivel el tiempo no existe, sino como un conjunto de experiencias con el cual nuestro Ello juega constantemente en cada momento, cada instante conteniendo en sí toda la eternidad... Filosofía muy bonita que puede abrirnos horizontes interesantes. En la medida en que esto resulte una experiencia y no una nueva creencia de moda. Lo que podemos decir. Si queremos aferrarnos a ese enfoque. Es que toda experiencia es accesible en cualquier momento dado y que en cada instante tenemos la posibilidad de experimentar la eternidad.
No obstante. En la práctica. Para poder llevar un concepto que sobrepasa el nivel mental a una comprensión coherente. Es más cómodo considerar el proceso de evolución en su óptica temporal. Sabiendo que esto no es más que una comodidad. Pero muy útil para permitirnos hacer el trabajo que debe cumplirse: jugar el juego que hemos elegido inicialmente todos sus aspectos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario